15 de Noviembre – Achicarse


Lo he traído a tus discípulos y no lo han podido sanar.” Mateo 17:16 (RVR)
Achicarse
Esta es una historia maravillosa, no tanto por el milagro realizado sino por la actitud de los participantes. Los discípulos habían salido a anunciar el Reino de Dios, y Jesucristo les había dado poder para curar enfermos. Habían regresado felices y satisfechos de haber hecho bien la tarea encomendada. Después de esto, Jesús sube a un monte con Pedro, Juan y Jacobo
Jesús estaba bajando del monte donde se había transfigurado. Había sido un momento muy especial. Mientras, en la llanura, un hombre muy angustiado trae a su hijo enfermo a los discípulos de Jesús para que lo sanen y los discípulos fracasan. Intentaron usar los mismos métodos que cuando habían salido comisionados por Jesús, pero esta vez no dieron resultado. Me imagino ver a la multitud rodeando al padre preocupado y a los discípulos sin respuestas.
Acusaciones, gritos, insultos, posibles peleas, gente a favor y en contra. Una situación muy tensa que no tenía solución.  En ese momento aparece Jesús. Casi podemos escuchar el silbido de alivio de los discípulos y el silencio expectante de la multitud. El padre triste y preocupado, en lugar de enojarse por toda la situación, recurre al Señor para solucionar su problema.
Que valiente actitud la de este hombre. Llevaba una carga pesada durante mucho tiempo, la enfermedad de su hijo lo había desgastado física y emocionalmente y frente a los discípulos, su esperanza recibe otra cachetada.
Pero recurre a Jesús.Hoy también se repite la historia. Muchas veces la Iglesia fracasa, los hermanos no tienen respuestas o actúan de manera distinta a la que esperamos, y surgen las comunes peleas entre miembros donde cada uno defiende su derecho y acusa al otro por su falta o por su incapacidad, y con razón o sin razón, se agranda la pelea.
Este hombre llevó su problema a Jesucristo y recibió lo que deseaba. No acusó a los discípulos, ni se enojo por su falta de capacidad. Llevó el problema a una instancia superior. La próxima vez que seas parte de un problema en la iglesia, en lugar de cruzar acusaciones, mejor llevá el problema directamente a Jesucristo. Él le da el valor justo a cada diferencia. Es el comienzo para poner paz.
REFLEXIÓN – Frente a Jesucristo las diferencias se achican.

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