9 de Agosto – Segundo


“Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que había oído a Juan y había seguido a Jesús.” Juan 1:40 (RVR)
Segundo
Andrés es un personaje muy especial. Se lo menciona muy poco y siempre está acompañado por alguien. Juan el Bautista le dice a dos de sus discípulos que era mejor que siguieran a Jesús. Los dos primeros discípulos que tuvo Jesús, se los envío Juan. Y Andrés fue uno de ellos.
Después Andrés lleva a su hermano a Jesús, y a partir de allí, pasó a ser ”Andrés, el hermano de Pedro”. Se lo menciona dos veces más en el evangelio: cuando lleva a Jesús  al muchacho con los 5 panes y 2 peces y Jesús hace el milagro de la multiplicación de la comida, y cuando lleva a Jesús a unos griegos que querían conocerlo.
No era del grupo más selecto de los discípulos pero ningún momento se menciona de él que estuviera ofendido o enojado. Los tres más íntimos eran Pedro, Jacobo y Juan. Andrés podía haber pedido estar dentro de esta elite que vio la transfiguración de Cristo en el monte y que estuvo más cerca de Él en Getsemaní.
Podría haberse enojado porque lo dejaron afuera, por ser siempre el segundón, por no tener individualidad, por ser siempre el “hermano de”. Se podría haber ofendido por no ser nombrado. El tenía tanto derecho como los otros de formar parte del grupo más íntimo de Jesús.
Pero Andrés no se enojó, ni se ofendió, ni se molestó. Su mayor placer era llevar a las personas a Cristo. No le importaba el título, el cargo o la fama, solo quería que todos se encuentren con Jesús.
Nosotros somos muy distintos. Si no reconocen nuestro trabajo, si no aplauden nuestra tarea nos ofendemos. Perdimos este sentido de servicio que tenía Andrés, para quien era más importante cumplir eficientemente la tarea que obtener el reconocimiento de sus semejantes.
Andrés nos deja un llamado de atención para revisar las motivaciones que tenemos y nuestros deseos íntimos para el servicio. Necesitamos enamorarnos nuevamente de Jesucristo y sentir la pasión por su persona, para que no perdamos la mirada y podamos aceptar, si la situación lo requiere, un segundo lugar con alegría.
Dios tiene un lugar especial para cada uno y no siempre es el lugar más visto o famoso. Dios nos necesita a todos.
REFLEXIÓN – Algunas veces, el segundo es el primero.

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