16 de Febrero – Horno

«Cuando presentes una ofrenda vegetal cocida al horno, ésta será de tortas de harina fina sin levadura, amasadas con aceite, y galletas sin levadura untadas con aceite.» Levítico 2:4
Horno
Anoche escuchaba a mi cuñado en un mensaje, hablando de este texto y me encantó el comentario que hizo. Levítico es un libro con muchas leyes, que reglamenta la vida social y religiosa del pueblo de Israel. De las muchas normas que tenían, esta de la ofrenda cocida en un horno tenía un significado profundo para ellos.
Antes no había horno a gas como tenemos ahora, con tapa de acrílico para ver lo que estamos cocinando. El horno que usaban los judíos en aquellos días, era similar al horno de barro que se usan para hacer pan o pizza. Hornos que tenían una pequeña tapa que se abría para meter el pan y que se cerraba hasta que estuviera listo.
El horno cocinaba el material que estaba dentro, pero no se podía ver como evolucionaba la cocina. Si se dejaba mucho tiempo, la comida podía quemarse. Si se sacaba rápido, la comida quedaba cruda. Pero la ofrenda cocida que la Ley requería debía ser hecha con sabor y en la justa medida. Dios merece la mejor ofrenda, y no podían ofrecer una torta quemada o cruda.
Pero nadie podía ver que había dentro del horno, solo se veía el resultado. Hoy Dios nos sigue pidiendo que usemos el mismo concepto, y que desde el horno de nuestra alma le ofrezcamos la mejor ofrenda de nuestra vida.
Si ahora tuvieras que abrir el honro de tu corazón y sacar una torta de ofrenda para Dios, ¿qué saldría? ¿Qué cosas hay escondidas ahí adentro que nadie conoce? ¿Podrías mostrárselas a Dios? Tal vez haya algo de indiferencia y desinterés porque no querés cambiar nada de lo que Dios pide, tal vez haya algo de enojo o resentimiento por todas las cosas que tienes ganas de hacer pero no te dejan, tal vez algo de desprecio cuando dejás las cosas de Dios para otro momento que nunca llega. Y entonces la torta de tu ofrenda saldría muy fea. Y Dios no se merece esto.
Él espera que en tu corazón haya cada día pasión por Su Persona, que te sientas cautivado por Dios, que cada día desees estar más cerca y aprender más. Entonces tu torta será deliciosa para Dios.
REFLEXIÓN – ¿Qué sale de tu horno?

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