16 de febrero – Tesoro


“Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar.” Mateo 6:20 (NVI)

Había escuchado de niño una fábula preciosa. Cuentan que había un famoso predicador que tenía mucha facilidad de palabra y era muy reconocido. Lo invitaban a grandes eventos, importantes conferencias, multitudinarios actos. No importaba cuan lejos viajara, o cuántos días fuera la conferencia, jamás aceptó una ofrenda. Ya anciano, este buen hombre murió y fue recibido en el cielo.
Allí lo llevaron a la casa que le habían preparado. Pasaron por el mejor barrio del cielo, donde las casas eran mansiones. Seguramente una de éstas será mi casa, dijo el predicador. No – le respondió el ser celestial, –  es más adelante. A medida que caminaban, la calidad del barrio y de las casas iba desmejorando. Pasaron por la puerta de un hermoso chalet y el predicador dijo: seguramente una de estas será mi casa. No – le respondió el ser celestial, es más adelante.
Finalmente llegaron a un barrio humilde con pequeñas casillas. Ésta va a ser su casa, le dijeron. El predicador no lo podía creer ¡tanto servicio para recibir una chocita! pero no dijo nada.
Esa misma tarde murió una anciana de la iglesia del predicador. Al recibirla le dieron la mansión que él había visto apenas ingresó al cielo. No entendía más nada. Así que fue a buscar a su guía celestial y le preguntó: ¿No habrán cometido un error? me asignaron una pequeña choza y a esta mujer le dieron esa terrible mansión. Yo estuve predicando durante años, ofrecí conferencias y seminarios multitudinarios y jamás acepté una ofrenda por ese servicio. Esta mujer es muy buena, pero jamás salió de su iglesia.
No importa en qué lugar sirvas o qué tarea hagas – le contestó -. acá en el cielo construimos la casa de cada cristiano con el material que nos hizo llegar previamente desde la tierra. Lo que tu nos enviaste sólo alcanzó para construir esa choza. Ella, en cambio, nos mandó material de sobra, hizo un enorme tesoro acá en el cielo. ¿Cómo no va a tener semejante mansión?
Dios ve la intención de tu corazón. Invertí tu servicio a Dios para construir tesoros en el cielo. No busques el aplauso de los hombres. Eso no da ganancias perdurables. La inversión en Dios siempre rinde.
REFLEXIÓN – Hacete un tesoro en el cielo.

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