16 de Octubre – Madre


El temor de Jehová es limpio, permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos.” Salmos 19:9
Madre
Hoy se recuerda el día de la madre y recuerdo una situación muy linda de mi casa.
¿Cómo puede ser limpio un sentimiento si no puede verse ni tocarse? Está claro que David sabía que los sentimientos no tienen color ni olor, pero sus manifestaciones sí. David no habla de miedo, ni de pánico, sino de temor en el sentido de respeto a la autoridad. Hace algunos años, el director del colegio infundía temor en los alumnos. La peor sentencia de mi niñez era que me enviaran a Dirección. Esta misma idea toma David para explicar qué es el temor de Dios.
No es miedo por el castigo que pueda darnos (aunque tiene el poder para hacerlo), sino el respeto que su Persona debería infundir en nosotros. Ese respeto que nos hace portarnos bien para no ofenderlo. Nadie en su sano juicio va a romper el florero preferido de la madre cuando ella está mirando, sino que jugamos a 200 metros de distancia porque sería peligroso incluso tocarlo.
Pero cuando la mamá se va a hacer las compras, el florero se convierte en un hermoso palo para el arco de futbol. Se transforma porque mamá no está cerca y no corremos peligro de que nos rete. Infantilmente, actuamos así con Dios. Muchas veces creemos que porque no podemos verlo, estamos libres de su mirada. Actuamos como queremos, lo ofendemos, pecamos deliberadamente, insultamos, envidiamos, robamos, miramos cosas obscenas porque estamos aparentemente solos y nadie nos ve. No hay represión a la vista.
El temor de Dios es justamente lo que evita esa conducta indeseable e incorrecta. Es saber que Dios siempre está mirando y escuchando todo lo que decís, hacés y pensás. Eso es justamente lo que te falta, por eso tu vida no es limpia, por eso tenés pecado y estás sucio. Aunque te moleste, los juicios o sentencias que Dios determina sobre tu vida son justas y verdaderas. Aunque quieras disimularlo, para Dios tu pecado siempre es pecado, aunque para vos sea una cosa pequeña e insignificante, aunque tus amigos te digan que está bien y es divertido.
Pensá que Dios siempre te está viendo. Empezá a vivir sabiendo que tenés siempre a Dios que te acompaña y comparte con vos todas las cosas que hagas. Empezá a tener más cuidado.
REFLEXIÓN – Enderezá tu vida, temé a Dios.

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