2 de abril – Diferencia

“¿Acaso es el momento apropiado para que ustedes residan en casas techadas mientras que esta casa está en ruinas?” Hageo 1:4 (NVI)
Los judíos de los tiempos de Hageo vivían en casas de lo mejor. Ya estaban instalados nuevamente en su nación después del exilio en Babilonia. Regresaron a la ciudad que había quedado destruida después de la invasión de Nabucodonosor y de 70 años de olvido. El primer contingente que regresó de Babilonia se encargó de reconstruir los muros de Jerusalén. El segundo contingente tuvo como misión restaurar el templo de Salomón. Pero, después de algunos años, los trabajos de reconstrucción se habían interrumpido. La obra no avanzaba, no se movía. Y se hace notoria la gran diferencia que existía en aquella ciudad.
Los que habían regresado del exilio vivían en casas techadas; otra versión dice artesonadas, es decir, con arreglos realizados por artesanos especializados de esa época, que le otorgaban a las viviendas las características de un lujo preponderante.. Eran residencias muy hermosas. Frente a esa realidad, Hageo se levantó y presentó esta queja de parte de Dios.
¿Acaso estaba mal que aquellos hombres se esforzaran por incrementar su estándar de vida, y como consecuencia trataran de mejorar sus casas? Definitivamente no. El problema que planteaba Hageo era la diferencia que existía entre sus casas y la Casa de Dios. Mientras que sus casas estaban techadas y arregladas, la Casa de Dios estaba en ruinas.
Hoy vemos el mismo mal instaurado en los cristianos. Tenemos Internet en casa dvd, cable, autos cómodos y modernos, notebooks, mp4, casas cómodas y arregladas, y nos esforzamos cada día por mejorarlas. Y ello está muy bien. Nuestro grave problema, al igual que el de aquellos judíos contemporáneos de Hageo, es el de la indiferencia hacia Dios.
No usamos el mismo parámetro para medir las cosas, y dejamos la Casa de Dios y la Obra de Dios en ruinas. Invertimos tiempo y esfuerzo en prosperar en nuestros trabajos, en capacitarnos haciendo cursos, en recibirnos en la universidad, en mejorar nuestras relaciones personales, en satisfacer nuestras necesidades y en pasar el máximo de tiempo posible disfrutando de la vida. Y todo esto está muy bien, siempre y cuando nuestro lugar en la Obra de Dios no quede en el olvido.
Dios nos pide un sano equilibrio, para darle a cada asunto de la vida el tiempo que requiere. Brindale a Dios el mismo esfuerzo que le dedicás a tu vida. Vale la pena.
REFLEXIÓN – No hagas diferencias. No dejes tu relación con Dios en la ruina.

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