23 de agosto –

“Con todo, yo siempre estuve contigo, me tomaste de la mano derecha.” Salmos 73:23 (RVR)
Cuando era niño fui a un campamento con otros chicos de mi edad. A la noche hicimos un juego de luces y sonidos. Teníamos que buscar a los líderes que tenían algún sonido o linterna de colores y que se escondían de nosotros. El objetivo era encontrar la mayor cantidad posible de ellos.
Era una noche sin luna, muy oscura, y estábamos jugando en un bosque. No se veía nada, y tenía miedo. El bosque se presentaba tenebroso, y yo estaba solo. Me quedé parado, quieto en la oscuridad, no sabía a dónde ir. No quería seguir jugando, sólo quería un poco de luz. Esperaba que alguien me ayudara, me diera su compañía.
En ese momento, pasó uno de los líderes y me pidió que lo ayudara a encontrar el camino de regreso. El no estaba perdido, lo hizo solamente para darme confianza y asistirme. Me tomó de la mano y volvimos al campamento. Yo regresé muy tranquilo y seguro; iba acompañado.
Cuando uno crece, le da vergüenza admitir sus miedos, sus dudas, y nos acostumbramos a formar una muralla de contención. Nadie sabe qué nos pasa realmente. Escondemos muy bien nuestros sentimientos más íntimos. Pero eso es un grave error, porque al esconderlos, sólo tapamos lo que nos pasa, pero nunca lo solucionamos.
Pero Dios conoce nuestro interior. Él sabe de nuestros miedos, de nuestras luchas, de nuestras angustias y de nuestra soledad. No hace falta estar perdido en un bosque oscuro, para que Dios sepa tu estado de ánimo. No hay nada que se le escape a Dios.
Dios nunca te deja solo. Siempre está a tu lado. Y continuamente está dispuesto a tomarte de la mano, para darte seguridad. El nunca se aleja, nunca se duerme, nunca se cansa, siempre te cuida. No hay miedo que aleje a Dios. Él es el refugio seguro, la roca estable donde podemos afirmarnos. Dios es garantía. Dios es seguridad. Él es completamente confiable, nunca te va a fallar.
Puede ser que hoy te sientas solo o triste. Quizá estás parado sin saber a dónde ir. Quizá estás angustiado y sin respuestas. No te desanimes, no estás solo. Dios está con vos. El siempre está cerca. Dios quiere tomarte de la mano y darte tranquilidad. Él puede darte paz. No lo sueltes. El quiere darte tranquilidad.
REFLEXIÓN — Dios siempre es compañía.

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