14 de julio – Desear

“Deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán en su salvación.” 1 Pedro 2:2 (NVI)
Me llama la atención cómo han cambiado las cosas desde que yo era chico. Cuando Connie tenía tres años aprendió otra palabra: laaar. Que en su idioma, cuasi castellanezco, significaba celular. Cuando yo era chico y no hace tanto de esto jugábamos con autitos o pedazos de madera imaginando que eran espadas. Solía sentarme en un viejo cajón de madera donde corría cientos de carreras en mi auto de fórmula 1, sin moverme un sólo milímetro del patio de la casa de mi abuela.
Hoy mis hijos tienen varios juguetes con luces y sonidos, de diversos colores y tamaños, pero les encanta jugar con su celular. Es normal ver a los pequeños con ese aparato, y no se dejan engañar.
Le compramos a Connie un celular de juguete con sonidos y luces, pero ella no quiere saber nada, porque pretende experimentar permanentemente con el celular de verdad. No uno de juguete, el que le fascina para jugar es el celu de papi o el de mami. Los chicos pueden pasar horas jugando a que hablan por teléfono y arreglan cosas.
No quieren cambiar de juego, les encanta. Desean jugar siempre con lo mismo. Y si se los sacamos, lloran con tristeza. A tal punto es así, que en el caso de Connie, sin importar quien llame a casa, se para al lado del que atiende el teléfono y comienza a pedir que se lo pasen para hablar también ella. Y no para de pedir el teléfono, hasta que nos gana por aburrimiento. Cuando tenía tres años podía estar pidiéndolo insistentemente sin cansarse durante minutos enteros, hasta taladrarnos el cerebro con su balbuceante ¡laaar! ¡laaar!
Pedro conocía de qué se trataba la necesidad. Sabía sobre ese deseo profundo por lograr algo que no se tiene. Le faltaron muchas cosas en su vida y entendía bien de renuncias y sacrificios. Pero hay algo que este anciano rescató en su primera carta. Ese mismo deseo, persistente e intenso, que él tenía para sus necesidades, el mismo deseo que tiene Connie para jugar con el celular de verdad, es lo que Pedro nos recomendó que tuviéramos por la Palabra de Dios.
El mismo deseo que tenés de que gane tu equipo favorito, de jugar con la Play station, de hacer Shopping, de comprarte las zapatillas de moda o un mejor mp4, es lo que Pedro te propone hoy que tengas también por la Biblia. Deseala con pasión.
REFLEXIÓN – ¿Deseas la Biblia?

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