27 de Mayo – Limpio

“Si alguien se mantiene limpio, llegará a ser un vaso noble, santificado, útil para el Señor y preparado para toda obra buena.” 2 Timoteo 2:21 (V. Dios habla hoy)
En la antigüedad, los vasos de las casas eran por lo general de barro cocido. Sólo los reyes y poderosos podían tener vasos de oro o de plata. Los comerciantes o terratenientes importantes podían tenerlos de bronce o de hierro. Pero la gran mayoría usaba los vasos de barro cocido. Eran los más comunes. Y como pasa actualmente, también en aquellos tiempos la gente aparentaba y envidiaba.
Se figuraba con los bienes materiales, intentando mostrar cierto estándar de vida. En el presente consistiría en mostrar el último plasma o mp4, el auto más moderno o la casa más lujosa. Antes, era un tema de utensilios. Eran más lujosos los de plata y los de oro, y más despreciables, los de barro. Se trataba de un problema de imagen, porque todos tenían la misma utilidad. Pero las personas querían mostrar lo mejor.
El mismo concepto llegó a la iglesia, donde la cultura del servicio a Dios se vio afectada por este mal de la apariencia. Y los hermanos buscaban desarrollar los ministerios más vistosos o aplaudidos. Ninguno estaba interesado en servir en un ministerio anónimo, silencioso o solitario, porque nadie lo valoraba.
Hoy, a veces sucede lo mismo. Nos gusta hacer esas cosas que todos ven y aplauden, pero evitamos los ministerios de bajo perfil. Nos encanta predicar, cantar, presidir o tocar en la banda porque todos pueden verlo. Pero ni se nos ocurre desarrollar un discipulado, hacer visitación, o consolar al triste. Nadie ve esto, no tiene prensa, no seduce. Ni qué hablar de acomodar, limpiar o arreglar.
Pablo nos deja una enseñanza divina y maravillosa. Importa muy poco lo que vos pienses sobre cuál es el mejor ministerio. Dios valora a todos por igual. No importa si sos un utensilio de barro, de bronce, o de oro. Lo que Dios realmente espera es que seas un utensilio limpio.
Limpio de apariencias, de falsedades, de pecado, de comodidad, de marketing eclesiástico, de envidia, de apariencias. Dios quiere ser el detergente de tu vida para limpiar toda impureza, suciedad y pecado, para que puedas ser un instrumento útil para Él y dispuesto para toda buena obra.
No importa qué hagas, ni cuál sea tu ministerio. Para Dios, son todos los ministerios igualmente importantes. Él te va a premiar por tu utilidad en Su reino, no por los aplausos.
REFLEXIÓN – Sólo el limpio sirve.

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