27 de septiembre – Guardián

“Que tus ojos estén abiertos de noche y de día sobre esta Casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí.” 1 Reyes 8:29 (RVR)
El templo es desde siempre, un lugar de respeto. Cualquiera sea la religión que se profese, siempre se ha respetado el templo como un lugar “sagrado”. En cualquier parte del mundo, se encuentra silencio y solemnidad dentro de sus paredes. Pero vemos con preocupación, que en estos últimos años el vandalismo y los robos no perdonan ni a los templos. Y lo que más inquieta es la degeneración humana que ya no tiene límites.
Los ladrones saben que en las iglesias evangélicas hay equipos de música, gente que tiene autos, algunos hasta van de corbata. Tienen horarios fijos de reunión, y la mayoría te da la bienvenida cuando entrás. Es el lugar ideal para robar. No hay custodia policial, no hay seguridad, aceptan a los visitantes sin cuestionamientos, están descuidados. Son toda buena gente y confiada.
Para Salomón el problema era aún mayor, porque el templo que había edificado era superabundante en riquezas. Estaba bañado de oro en su interior, todos los utensilios sagrados eran de oro. Había gran cantidad de materiales preciosos, telas y elementos sumamente costosos.
Era una tentación para los bandidos de la época. Y Salomón adoptó la mejor custodia para el templo. Lo dejó en las manos de Dios. No fue negligente. Mantuvo una guardia en el templo, estaban los levitas que servían constantemente y cuidaban el orden.
Pero el responsable máximo de la seguridad era Dios. Y eso los dejaba tranquilos. ¿Qué hacemos frente a tanta inseguridad? Algunos proponen ponerle rejas a los templos, y reservarse el derecho de admisión. Otros mantienen la puerta cerrada con llave, y miran por una rendija para ver quien quiere entrar.
Salomón nos da la clave para la seguridad total. Si bien hay que ser cuidadoso y precavido, la mejor solución para la inseguridad es dejarle el problema a Dios. ¿Hace cuánto que no le pedís a Dios que cuide tu templo? ¿Qué proteja a las hermanas durante la reunión de señoras? Quizá estamos tan acostumbrados a que nunca pasa nada, que damos por descontado que nunca va a pasar nada.
Pero es necesario interceder por la seguridad de nuestro templo, por la tranquilidad durante las reuniones, por la paz interior, para que Dios lo proteja y lo cuide en todo momento.
REFLEXIÓN — Sé un guardián con tu oración.

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