30 de Septiembre – Sensato


“Descendió entonces Naamán y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios, y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpió… Ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel.” 2 Reyes 5:14,15 (NVI)
Sensato
El ser humano es muy raro. Está marcado por una tendencia que lo diferencia de los animales. Además de su razón, tiene la virtud de complicar las cosas, y hace lo imposible para enredar lo simple.
Un general sirio leproso le pide ayuda al rey de Israel para que lo sane de su lepra. El profeta Eliseo se entera del caso y le receta que se lave en el Río Jordán para quedar limpio. Cuando al general Naamán le dan la receta para ser sanado, se enoja y no quiso obedecer a Eliseo. Los criados del leproso lo persuaden a que lo haga, y en efecto, Naamán se zambulló siete veces en el Jordán y fue sanado. Dios obró tanto, que este sirio testificó de Dios y decidió hacer holocaustos solo para Jehová. El poder de Dios cambió la vida de este hombre.
Para poder ver su carne limpia, Naamán tuvo que bajarse del caballo del orgullo y enfrentar la realidad. Si Dios te pide algo muy difícil para lograr lo que deseás, ¿no lo harías?  Entonces, ¿por qué no hacer algo tan simple?
Recién cuando dejó de lado su orgullo, su posición social, su título de general y aceptó la orden del profeta, fue cuando Dios pudo ayudarlo y bendecirlo.
Hay veces que queremos mover la mano de Dios según nuestro criterio, y hacemos lo imposible para lograr lo que queremos de la manera que queremos. No entendemos que el orgullo es una traba para Dios.
No hay lugar para los engreídos en las bendiciones de Dios. Para poder recibir el favor de Dios, primero hay que humillarse delante de Él y reconocer que Él es quien manda, y quien pone las condiciones. Aceptar esos requisitos es la garantía para recibir el regalo de Dios.
¿Si Dios te pidiera algo muy difícil para darte lo que estás deseando, no lo harías?  El solo te pide humildad y obediencia, y está dispuesto a abrir las ventanas de los cielos.
No pierdas tu oportunidad.
REFLEXIÓN – Las bendiciones y el orgullo nunca fueron buenos compañeros.

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