5 de abril – Terremoto

«Se levantará nación contra nación, y reino contra reino. Habrá hambres y terremotos por todas partes.» Mateo 24:7 (NVI)
En un periódico de abril de 2009, los titulares decían comentando un terremoto en Italia: “Crece el número de muertos por el terremoto en Italia: ya son unos 150. Así lo confirmó el premier Silvio Berlusconi. Y hay 100 mil personas sin techo. El sismo tuvo una magnitud de 6,3 grados en la escala de Richter y devastó a la región central de Abruzo, 85 kilómetros al noreste de Roma.”
En esa oportunidad, las autoridades señalaron que los heridos llegaban a 1.500 y las personas que habían quedado sin vivienda a unas 100.000. Según el organismo de Protección Civil italiana podían llegar a diez mil los edificios destruidos y dañados por el sismo. El gobierno nacional decretó el estado de emergencia civil.
Comparado con el terremoto y el Tsunami de Japón, analizándolo a la distancia, la catástrofe de Italia parece insignificante. Pero en su momento, fue la noticia más resonante del mes. Lo terrible es que, desde hace algunos años, estas catástrofes naturales son cada vez más frecuentes y violentas.
Es notable analizar cómo desde su entrada triunfal en Jerusalén, hasta la terrible muerte en la cruz, Jesucristo estuvo activo y enseñando en el templo todo el tiempo que tuvo disponible. Mateo nos relata muchas de sus enseñanzas de esos días. Y entre ellas, aparece esta ventana del futuro donde Cristo nos anticipa una de las señales del fin.
Siempre hubo terremotos, pero sin lugar a dudas, la intensidad, y la violencia de los últimos es una demostración irrefutable de que este tipo de cataclismos está ocurriendo con mayor fuerza y frecuencia. Se repiten cada vez con mayor intensidad, y este último de Italia es una clara evidencia de un hecho catastrófico que pareciera anticipar cosas peores.
Jesucristo ya lo había anticipado. Justo antes de su terrible muerte pascual, dedicó tiempo para advertirnos las señales del fin. Hoy las leemos en los diarios, nos angustiamos por los terribles problemas, hacemos donativos y nos solidarizamos con los afectados por el terremoto. Pero olvidamos lo importante: es una señal. Es una alerta más que el Rey nos está dando para prevenirnos que el final se acerca.
Nadie sabe ni el día ni la hora. Nadie sabe cuando va a suceder, pero estamos avisados. Que no te encuentre con temas pendientes. El Rey ya viene ¿estás preparado?
REFLEXIÓN – Estás avisado.

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