9 de julio – Independencia

“Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera.” Salmos 112:1 (RVR)

Hoy, en Argentina se celebra un nuevo aniversario de la declaración de nuestra independencia. Se trató de un proceso largo y penoso para los hombres y mujeres que lo hicieron posible. Luchas, dolor, renunciamientos y muerte fue el precio que muchos tuvieron que pagar para alcanzar la preciosa independencia nacional. Un precio muy alto, porque la meta era muy grande.
Para aquellos hombres, nada era demasiado sacrificio no había ningún esfuerzo extraordinario que no pudiera hacerse, con tal de obtener la independencia. Era como una palabra mágica que los sostenía, los alentaba y los potenciaba; una utopía alcanzable, que dependía de su arrojo y altruismo. Y ellos estuvieron a la altura de las circunstancias y honraron el objetivo.
Había varios caminos agradables, más cómodos y fáciles de transitar. Pero uno solo que les garantizaba la independencia. Y eligieron correctamente. Hoy celebramos eso: que hubo hombres y mujeres valientes que supieron elegir bien al momento de decidir. En lugar de optar por su conveniencia o comodidad, ellos escogieron el sacrifico, la lucha y el bien común. Y aunque la Patria, a veces, les pagó mal, hoy son considerados los héroes de la independencia de 1816. Pero, no hubo muchos. Sólo algunos hicieron esto; la gran mayoría no lo hizo y pasó a la historia dentro de una gran bolsa de desconocidos mediocres de la revolución.
Miles de años antes, el salmista nos enfrentaba con una encrucijada similar para nuestra vida. La búsqueda de la felicidad. Esto es, sin lugar a dudas, una meta que todos tenemos y por la cual estamos dispuestos a hacer cualquier sacrificio. La búsqueda de la felicidad nos mantiene vivos, activos y trabajando.
Y el salmista nos presentaba las opciones para decidir. Nos decía que la verdadera felicidad, la completa satisfacción y realización como personas, la obtiene únicamente aquel que respeta a Dios y se deleita en obedecer sus mandamientos. Es cierto que hay caminos que aparentemente son más placenteros y divertidos. Parecen muy luminosos y agradables. Pero, definitivamente, no te harán feliz.
Sólo el camino del temor de Dios, del respeto por Su persona y de la obediencia a Sus mandamientos puede garantizarte una completa felicidad. Dios no es hombre para que mienta, y lo prometió hace muchos años. Hoy podés independizarte de tus malas decisiones. Elegí ser feliz. Obedecé a Dios.
REFLEXIÓN – Caminos difíciles, objetivos altos.

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