10 de Febrero – Habitar


“El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente.” Salmos 121:1 (NVI)
Habitar
Todos deseamos la protección de Dios. Desde que comenzó la humanidad, el  hombre buscó siempre agradar a su divinidad de turno para obtener protección y bendición.
Para el pueblo judío, la bendición de Dios dependía exclusivamente de su obediencia. Todo el libro de Jueces nos remarca esta premisa.
La desobediencia traía castigo y la obediencia, liberación. Es tan simple y tan complejo a la vez. Simple de entender, complejo para cumplir.
Hoy bajo la gracia, Dios mantiene el mismo sistema para proveer de bendición a sus hijos. En Palestina era muy estimada la sombra de los  árboles, por eso había muchas higueras. Ante el terrible calor del  mediodía, la sombra de una higuera era la mayor bendición.
Dios tiene la particularidad de provocar el mismo efecto en la vida. Frente al desierto y la sequedad de hoy, Él es un refugio de frescura y placer, de protección y tranquilidad. Pero para disfrutar de esos  beneficios, es necesario habitar al abrigo del Altísimo. Solo hay sombra bajo sus alas.
En la antigüedad, la mayoría de las ciudades tenían muros defensivos. Como había tantas bandas armadas que mataban y robaban, cada ciudad edificaba un alto muro de protección. Cuando la población crecía comenzaban a edificar sus casas fuera de la muralla, pero nunca se alejaban demasiado, para que si hubiera algún peligro, tuvieran tiempo de ingresar nuevamente  a la ciudad antes de que se cierren las puertas. Vivían al abrigo de la muralla.  Estaban cerca.
La misma idea es la que nos deja hoy el salmista. La bendición de Dios es solamente para aquel que vive cerca de Dios, para aquel que guarda sus mandamientos, para aquel que es buen hijo.
Es como si Dios fuera un paraguas. Cuando estamos debajo de Él, no nos mojamos. Pero si queremos salirnos de su ámbito de protección, entonces perdemos las bendiciones de sus cuidados y su amparo. Dios no malcría hijos caprichosos. Aquel que no se comporta como un buen hijo no puede esperar recibir la bendición de Dios. Puede ser que por Su Misericordia nos regale algo, pero Dios recompensa a cada uno según su obra.
Dios condiciona su bendición a tu obediencia.
REFLEXIÓN – Vivir mejor y más fresco, es vivir bajo las directivas de Dios.

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