12 de Marzo – Merece

«Yo corregiré su rebeldía y los amaré de pura gracia, porque mi ira contra ellos se ha calmado.» Oséas 14:4
Merece
La historia del pueblo de Israel es un triste oscilar entre abandono de Dios, castigo y arrepentimiento, para volver a comenzar de nuevo. Durante años mantuvieron esta conducta errática siguiendo el impulso de sus caprichos e instintos. Su vida era cíclica.
Dios les mostraba su amor y les prometía bendiciones si obedecían sus leyes. Pero el pueblo de Israel se empeñaba en desobedecerlo con alevosía. Cuando la paciencia de Dios llegaba al límite y su ira por tantos desprecios superaba su misericordia, enviaba el castigo prometido. Ante semejante sufrimiento, el pueblo se arrepentía y volvía a Dios.
Pero al tiempo, ya se olvidaban de sus sufrimientos, de sus promesas, de los castigos recibidos y reincidían en la desobediencia. Y el ciclo volvía a comenzar. Desobediencia, castigo, arrepentimiento, misericordia, perdón y restauración.
Fue por este tiempo que Dios le dio esta profecía a Oséas. Después de tanto desprecio y olvido, después del castigo durísimo de parte de Dios, el pueblo de Israel, una vez más, había vuelto al Señor. La ira divina se había aplacado, la clama aparecía. El temporal de Dios había pasado, ahora se esperaba momentos de paz, y podían disfrutar del amor y de la gracia de Dios. Él siempre perdonaba la rebeldía de su pueblo y les daba otra oportunidad. Su gracia era tan grande que nunca se acababa, a pesar de la indiferencia de su pueblo.
Hoy algunas cosas no cambiaron, pero otras si. La inconstancia del ser humano no ha cambiado, su incapacidad para mantener una buena relación con Dios sigue siendo vigente. Somos por naturaleza muy fluctuantes y nos cuesta mucho mantener nuestra conducta. Con esta mala costumbre, desobedecemos a Dios a diario, casi sin que nos importe. Como ya es algo habitual, no parece afectarnos.
Pero este terrible pecado que en la antigüedad acarreaba un terrible castigo de parte de Dios para los desobedientes, hoy cambió. Dios cambió su manera de relacionarse con el ser humano. Su ira por el pecado sigue siendo igual que siempre. Pero hoy su ira por el pecado es calmada por la maravillosa sangre de Cristo. Ya no hay castigo por el pecado, solo perdón y gracia.
A pesar de tu rebeldía, el amor de Cristo puede más. No lo merecemos, pero podemos disfrutarlo.
REFLEXIÓN – No merecemos la Gracia de Dios.

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