8 de julio – Consecuencias

“Pero ustedes sembraron maldad, cosecharon crímenes…” Oseas 10:13 (NVI)
Oseas es un libro de amor trágico. Y si bien puede percibirse un amor superlativo, también se advierte mucho dolor en cada una de sus páginas. Dios le pidió a este profeta que se casara con una prostituta, que tuviera hijos con ella, y que cuando ella volviera a su antigua profesión, Oseas la fuera a buscar para amarla nuevamente y tratarla bien.
Resulta casi insoportable intentar entender la realidad de Oseas, que al obedecer se hallaba tratando de amar sinceramente a una mujer que tuvo sexo por dinero con sus vecinos. Pero Dios le pidió esto, para mostrarle al pueblo de Israel cómo se sentía Él por los desplantes e infidelidades que este pueblo le estaba haciendo.
A veces no nos damos cuenta o no queremos darnos cuenta de la gravedad de nuestros pecados en la presencia de Dios. Actuamos como la mujer de Oseas, haciendo lo que queremos, sentimos o deseamos sin medir las consecuencias de nuestros actos libertinos. Sin considerar a quien herimos con nuestros pecados. Sin tener en cuenta lo mucho que sufre Dios por cada falta nuestra.
Pero hay un hecho muy llamativo en esta triste historia real. La mujer de Oseas, que se divirtió durante tanto tiempo mientras Oseas sufría, terminó en un mercado de esclavos; el lugar en donde se encontraba la lacra de la sociedad, un remate de residuos humanos. Sembró maldades y cosechó crímenes. Porque el pecado siempre paga y paga muy mal.
Pensó que podía vivir su vida, haciendo lo que quería sin pagar las consecuencias. Creyó que a ella jamás le tocaría, que los problemas y el mal nunca la alcanzarían. Pero se equivocó, el pecado siempre te alcanza. Tarde o temprano te exige el pago por lo que te dio, y con intereses usureros. Pero nunca te llegás a dar cuenta hasta que ya es muy tarde. Mientras se estaba divirtiendo, la mujer de Oseas ni se acordó de su marido, ni de Dios, ni de las consecuencias. ¡La estaba pasando de fiesta!
¡Cuidado! Dios no miente y nos está avisando. Hay consecuencias nefastas para aquellos que pecan. Porque el amor de Dios no nos libra de nuestras malas decisiones. La esposa fue rescatada por Oseas y llevada nuevamente al hogar. Pero la suciedad vivida, el jaulón con estiércol de los esclavos y el peso de las malas decisiones le quedaron grabadas.
Hoy vos podés elegir. Todavía estás a tiempo.
REFLEXIÓN – No siembres maldades. Cosecharás crímenes.

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