10 de abril – Volver

“No les permiten sus malas obras volver a su Dios, su tendencia a prostituirse les impide conocer a Dios” Oseas 5:4 (RVR)
El pueblo de Israel era un pueblo muy ciclotímico, que cambiaba de ánimo en su relación con Dios a cada rato. Desde el primer momento en que los israelitas tomaron conciencia de que Dios era Su Dios personal, cuando los sacó de la esclavitud de Egipto, estuvieron fluctuando entre servir a Dios y copiar las costumbres de los pueblos que los rodeaban.
Y a medida que pasaba el tiempo, cada vez con mayor frecuencia el pueblo se olvidaba de Dios y adoraba a simples estatuas. Le pedía ayuda a dioses de piedra que no podían escuchar.
Cuando Oseas hace esta profecía, el pueblo ya estaba condenado al exilio. Dios se había cansado de sus pecados, de su olvido, de su abandono, de su caradurez, y había determinado el justo castigo para sus faltas.
A pesar de ello, permanentemente les enviaba profetas para hacerlos recapacitar. Pero en aquella época, ninguno quería dejar su mal camino. Aunque sabían que esa conducta los condenaba, preferían seguir lejos de Dios y ser condenados, que arrepentirse y vivir en paz con Él. Y Oseas nos muestra el motivo de tanta obstinación. El pecado te vuelve obstinado. Se habían acostumbrado tanto al pecado, que ya eran inmunes a los reclamos de Dios.
Hoy, también hay quienes no quieren dejar su pecado preferido. Hay quienes no tienen ganas de volverse a Dios. Hay quienes por perseguir los placeres se prostituyen, alejándose de Dios. Y no es solamente por los pecados sexuales o la pornografía, sino por cualquier pecado que actualmente estés cometiendo.
No busques justificar lo que no puede justificarse. Ese pecado que te gusta hacer y que no podés dejar, ese que para vos es simplemente una cosita sin importancia, es lo que te está apartando de Dios. Hoy es el tiempo para sincerarte con vos mismo y con Dios. Hoy es el tiempo del arrepentimiento. Dios está esperando que vos, hoy mismo, te arrepientas y dejes de cometer pecado.
Analiza cuan lejos o cuan cerca estás de Dios, y cuan difícil o cuan fácil es para vos obedecerlo, pero no con la liviandad propia de querer justificarte o minimizando lo que hacés, sino como lo ve Dios mismo. Eso te va a dar la magnitud de tu caída.
REFLEXIÓN – Tu pecado te aleja de Dios, mejor volvé.

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