13 de Mayo – Peso

“¡Cómo quisiera que mi angustia se pesara y se pusiera en la balanza, junto con mi desgracia!” Job 6:2 (NVI)
Estaba viendo un programa de records increíbles, en el que una persona arrastraba un camión con acoplado. Este sujeto ató con sogas el paragolpes del camión a un arnés que tenía en su cuerpo y sólo con el esfuerzo de sus piernas logró mover el terrible peso de ese gran vehículo unos cuantos metros. Resulta imposible para cualquier persona normal hacer semejante cosa.
Cuando era adolescente, teníamos en la iglesia un viejo colectivo al que, para arrancar, había que empujarlo. Así que, en cada salida nos juntábamos 10 o 15 muchachos y lo empujábamos hasta que arrancaba. Era imposible hacerlo con 5 personas, mucho menos uno solo. Hay pesos que no se pueden mover. Si hubiéramos tenido a ese hombre del record guiness, seguramente hubiera podido hacerlo arrancar él solo. Pero, ni siquiera él puede impulsar dos camiones. Llega un punto en el que un peso se vuelve imposible de alterar. Nadie puede desplazar una montaña. Es demasiado pesada.
¿Cuánto pesa la angustia? ¿Cuánto pesa la tristeza? Los físicos dirían que no tienen peso, porque son sentimientos inmateriales. Pero la realidad cotidiana nos demuestra que lo que una balanza no puede medir, nos impide, muchas veces, continuar con nuestra vida.
Cuando estamos angustiados, todo nos cuesta muchísimo más. Nos pesa el alma. No tenemos ganas de seguir adelante, perdemos la alegría y la motivación, y parece que tenemos un camión atado a nuestra espalda que nos impide avanzar. Esto le pasaba a Job, estaba tan triste que sentía que iba a ser aplastado por el peso de su congoja. Y tenía derecho a pensarlo, porque contaba con razones para estar extremadamente angustiado.
¿Cuánto pesa tu aflicción, hoy? Tal vez te sentís como Job, demasiado aplastado para poder avanzar y crees que tu problema no tiene solución. Pensás que tu desgracia es inamovible, pero Dios es más grande que ella. Él sabe cuánto pesa tu tristeza. Él lo sabe porque también la siente. Dios no está ajeno a tu dolor y te acompaña en tu sufrimiento.
Y para cada angustia, Él tiene un gato elevador hidráulico para ayudarte a soportar el peso. El efecto de Su paz, te libera del peso de la angustia. La fuerza de Su consuelo te elimina del aplastamiento de la tristeza. No es magia, ni son utopías religiosas. Es la experiencia de aquellos que depositan su confianza en Dios y que pueden verlo, más allá de sus circunstancias.
REFLEXIÓN – Viví sin peso.

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