29 de Abril – Disputa


Ojalá pudiera disputar el hombre con Dios como con su prójimo.” Job 16:21 (RVR)
Disputa
Job estaba pasando por un momento muy difícil. Había tenido una hermosa familia, una gran fortuna, respeto de sus conciudadanos, una posición. Pero cuando dice estas palabras se encontraba solo, acusado por sus amigos, con sus hijos muertos, sin un centavo, y enfermo de una sarna que picaba terriblemente.
No hay nada peor para un hombre que perder su dignidad. Job se sentía así. De ser un hombre poderoso había pasado a ser una sombra. Y no entendía el por qué ni el para qué de esa situación terrible.
Estando enojado desea poder discutir con Dios su situación y plantearle la injusticia que estaba viviendo. Deseaba exponer su caso y creía que tenía todos los argumentos para auto declararse inocente, sin culpa; y merecedor de los beneficios y bendiciones de Dios. Creía que merecía una felicitación y no un castigo.
Uno podría sorprenderse al leer esto y censurar a Job (como lo hicieron sus amigos), pero al fin de cuentas, cuando somos nosotros los que estamos sufriendo, los que la estamos pasándola mal, los que estamos padeciendo, imitamos a Job en esta actitud. Ponemos en nuestra balanza todas las cosas buenas y loables que hicimos, las veces que fuimos a la iglesia y servimos, las veces que ayudamos, las veces que cantamos o leímos la Biblia, las veces que nos portamos bien y obedecimos; y creemos que esos son argumentos suficientes para inclinar la balanza a nuestro favor y hacernos merecedores de la bendición de Dios.
En realidad no merecemos nada. Es Dios quien por su misericordia nos bendice.
Las bendiciones de Dios no pueden ser reclamadas sobre la base de nuestro buen comportamiento. Es cierto que Dios bendice a sus hijos obedientes y los recompensa, pero no funciona a la inversa. No podemos coaccionar a Dios exigiendo beneficios porque somos buenos hijos. Dios es todo amor y generosidad, Él desea nuestro bienestar y nunca nuestro mal.
Y si momentáneamente estamos pasando una situación fea o terrible, no es un castigo de Dios ni un olvido de su bondad; es parte del Plan de Dios. Entenderlo es lograr la felicidad aunque sea difícil y doloroso. La bendición va a llegar. Dios no es un igual al que podamos reclamarle, Dios es Dios.
REFLEXIÓN – La justicia humana no es igual a la divina.

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