15 de Mayo – Medicina

“Cuando Saulo llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuera discípulo. Entonces Bernabé, tomándolo, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús.” Hechos 9:26-27 (RVR)
Es cierto: el que está en Cristo, es nueva criatura, las cosas viejas pasaron y son todas hechas nuevas. Pero, las consecuencias de nuestros actos perduran en el tiempo, y nadie puede sacarse de sus espaldas la propia historia. Esto le pasaba a Pablo. Había sido una plaga para los cristianos, su verdugo y su torturador. Y un día volvió a Jerusalén y trató de acercarse a los discípulos.
Era obvio que lo iban a rechazar. Habrán pensado que era un nuevo truco para descubrir quiénes eran cristianos para castigarlos. El famoso doble agente infiltrado en las filas enemigas.
Y me imagino la tristeza de Saulo, luchando contra el descreimiento colectivo. No hay nada más terrible que la indiferencia, que a uno no le crean que cambió, que le hagan el vacío. Saulo había perdido mucho por convertirse en un cristiano. Había dejado a sus amigos y a sus familiares, su religión, su posición social, su status, para obedecer a Jesús. Y no le importaba. Él quería servir a Su Señor. Pero se encontraba ahora con un problema sin solución.
Sus hermanos no le creían. Era demasiado grande el peso de su historia y su pasado lo condenaba.
Hasta que apareció el incomparable Bernabé. Seguramente había oído hablar de este Saulo y su cambio. Habrá investigado en Damasco. Y a pesar de que Saulo había sido rechazado por todos, Bernabé lo tomó y lo llevó a los apóstoles abriéndole el camino de la aceptación. No fue una locura sin considerar las consecuencias. Fue una decisión valiente para darle a Saulo una oportunidad.
En el presente también, es muy fácil juzgar a las personas por su pasado y no darles crédito. Hoy, igualmente, es muy sencillo etiquetar a los hermanos y no darles la posibilidad de demostrar que cambiaron. Hoy, asimismo, debemos ser valientes y actuar como Bernabé.
Bernabé nos deja un ejemplo maravilloso del poder del amor. Porque el amor todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
REFLEXIÓN — La mejor medicina para el prejuicio es el amor.

Related Articles