17 de Mayo – Abandono

“En sus murmuraciones contra Moisés y Aarón, la comunidad decía: ¡Cómo quisiéramos haber muerto en Egipto! ¡Más nos valdría morir en este desierto!” Números 14:2 (RVR)
Después de 400 años de opresión, y de vivir sin tener nada, el pueblo de Israel estaba a punto de entrar en la tierra prometida. Finalmente había llegado. Estaba a la puerta de una nueva y esperada vida de prosperidad y bienestar. Durante años los israelitas habían soñado vivir libremente, tener sus propias casas, cosechar sus tierras y tener su ganado. Dejar de ser esclavos, era su única esperanza.
Dios los había sacado con mano milagrosa de la esclavitud de Egipto y durante los meses del viaje por el desierto, les había dado muestras más que evidentes de Su grandísimo poder y de Su amor para con este pueblo. Les había provisto de agua en el desierto, comida donde no había nada, sombra durante el día proporcionada por una nube, columna de fuego por la noche para estar abrigados, amparo contra las fieras, protección de los enemigos, cuidados en el camino.
Moisés envió doce espías para inspeccionar la tierra antes de entrar. Y cuando volvieron, le llevaron las noticias. En la tierra prometida habían encontrado abundancia de todo, pero también había gigantes y terribles ciudades amuralladas. La mirada negativa y cobarde de unos pocos hombres, sembró el terror en todo el pueblo, y a una, exclamaron angustiados: ¡Cómo quisiéramos haber muerto en Egipto! ¡Más nos valdría morir en este desierto!
Parece una frase de un desquiciado. Pero fue el común denominador de todo un pueblo. Frente a la primera dificultad, preferían tirar todo por la borda, abandonar el proyecto y regresar a la seguridad del pasado. Ya se habían olvidado de los latigazos, del trabajo forzado y de la falta de esperanza. Ante el primer problema, plantearon volver a Egipto.
Por esta actitud, Dios los condenó a morir en el desierto y les prohibió la entrada en la tierra prometida. Así, lo que se inició como una queja, una murmuración y un planteo cobarde, terminó siendo su sentencia de muerte. Como eligieron abandonar, Dios no los dejó entrar.
Hoy, padecemos el mismo mal facilista: abandonamos los proyectos o las tareas en cuanto los problemas aparecen. Es más fácil abortar una idea que enfrentar a los problemas. Consideramos las circunstancias según nuestra mirada humana y cometemos el mismo error que los israelitas del tiempo de Moisés. Nos olvidamos que Dios pelea por nosotros.
No vuelvas atrás. Dios te llama a seguir adelante. Él nos acompaña.
REFLEXIÓN – Retroceder nunca, rendirse jamás.

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