20 de diciembre – Insistí

“Les digo que, aunque no se levante a darle pan por ser amigo suyo, sí se levantará por su impertinencia y le dará cuanto necesite.” Lucas 11:8 (NVI)
Hay dos parábolas similares con las que Jesucristo nos enseña como debe ser nuestra oración. Esta es una de ellas. Cuenta la historia de un vecino inoportuno que va a pedir comida a altas horas de la madrugada. Sin dudas, la llegada del visitante fue imprevista y por eso la preocupación de este hombre de conseguir los elementos para poder atenderlo correctamente según la costumbre oriental.
En el momento de desesperación no tomó en cuenta que estaba molestando a un padre de familia que había ya dormido a los hijos. Sólo aquél que tiene hijos y la obligación de madrugar cada mañana comprende el incalculable valor de las horas de sueño. Y lo muchísimo que molesta que algún extraño rompa ese equilibrio nocturno.
El vecino no pensó en esto. Necesitaba alimento y fue a pedirlo. No hizo un ceremonial del pedido, ni utilizó una oratoria específica para encontrar las palabras políticamente correctas. Fue directo al grano. Tenía una necesidad imperiosa y pidió lo que requería para satisfacerla. Y agrega Cristo que por su insistencia, su vecino molesto y enojado, respondió de mala manera pero le dio lo que necesitaba. ¡Se levantó de la cama, tal vez despertó a sus hijos, buscó lo que tenía guardado y le entregó lo que pedía!
¡Cuánto más Dios que es puro amor, nos va a dar lo que le pedimos! Sólo nos pide que seamos perseverantes y no nos cansemos de pedir. Indudablemente, no hay punto de comparación entre el padre molesto por el pedido y la generosa amplitud de Dios para escuchar permanentemente nuestros pedidos.
Pero indudablemente, hay una diferencia de tiempo entre el momento en que le hacemos el pedido a Dios y el momento en que recibimos su respuesta específica. Y cuesta mantener el reclamo cuando del otro lado hay silencio. ¿Cuántas veces habrá golpeado la puerta el vecino? No creo que lo haya hecho una o dos veces. Habrá golpeado hasta despertar al hombre dormido. La necesidad es un movilizador que potencia nuestras acciones. Y la oración es el recurso que Dios nos dio para alcanzar los objetivos y deseos.
¿Estás necesitando algo? Pedile a Dios, pero hacelo insistentemente, con pasión, cada día hasta que lo recibas. No te canses de pedir. Dios siempre escucha y responde.
REFLEXIÓN – Insistir vale la pena.

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