21 de junio – Espera

“Estad quietos y conoced que yo soy Dios, seré exaltado entre las naciones, enaltecido seré en la tierra” Salmos 46:10 (RVR)
Hoy vivimos en una sociedad que se caracteriza por el movimiento. La consigna parece ser “no quedarse quieto”, y en todo lugar se percibe la hiperactividad. Hacemos varias cosas a la vez: estudiamos y escuchamos música, limpiamos y hablamos por teléfono, cargamos la agenda con múltiples salidas y nunca llegamos a hacer todo. Y además, cambiamos la lectura por la televisión.
Incluso llevamos este estilo de vida a la iglesia, y confundimos activismo con espiritualidad; el trabajo en la obra de Dios con la comunión con Dios. Todo esto es justamente lo contrario de lo que nos recomienda David.
Los grandes siervos de Dios nunca pudieron disfrutar de Su presencia en medio de la actividad. Moisés subió al monte para estar a solas con Dios y lejos del pueblo quejoso. Josué se encontró con el Ángel de Jehová, antes de tomar Jericó cuando estaba solo, lejos del ejército y de los preparativos para la batalla. Porque Dios es así: busca la comunión en la tranquilidad.
Bien decía David, que debemos estar quietos, tranquilos, para poder meditar y reflexionar. ¿Hace cuánto que no dedicás diez minutos en tu casa para leer la Biblia con esmero, con la radio y la TV apagadas, para extraer un concepto de Dios? ¿Con qué frecuencia destinás cinco minutos para orar con fe y convicción, más allá del agradecimiento por la comida diaria o para que Dios te ayude con tu problema presente?
Nos acostumbramos a tener devocionales apurados y vivimos de prestado. Parecería que fuera suficiente con leer una breve porción, para cumplir así con nuestras necesidades diarias de estar con Dios. Pero eso no alcanza.
Necesitamos conocer a Dios para poder amarlo. Y sólo podemos conocerlo si le dedicamos tiempo a esa relación. Es igual que en el noviazgo. Los novios desean todo el tiempo encontrarse y conocerse. Deberíamos lograr ese mismo sentimiento para con Dios y desear estar con Él, y disfrutar de Su presencia.
Porque cuando conocemos a Dios, y estamos en comunión con Él, la adoración, la exaltación y el trabajo son consecuencias obvias de ese amor. Pero es imposible lograr esa comunicación íntima, si estamos tan ocupados que no podemos parar. Dios nos llama a tener un tiempo de calma, de comunión, para conocerle. Dios te está esperando.
REFLEXIÓN — No hagas esperar a Dios.

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