23 de Febrero – Vergüenza


“Porque no me avergüenzo del Evangelio porque es poder de Dios para salvación, al judío primeramente y también al griego.” Romanos 1:16 (NVI)
Vergüenza
Este texto es sin duda uno de los más conocidos por los cristianos de todas las épocas, y tal vez ya lo hemos leído cientos de veces y hasta lo sabemos de memoria.
Pero encierra una verdad  poderosa que es muy sano recordar.
Si hay alguien quien debería tener vergüenza de ser cristiano y hablar del Evangelio es Pablo. Este hombre era un escogido de su época. Estaba dentro de la elite religiosa que le garantizaba el respeto de la comunidad, un bienestar económico y una acomodada posición política. Era un hombre muy culto, educado bajo la tutela de uno de los más renombrados maestros de su época. Tenía todo lo que un hombre puede desear, una posición social, religiosa, financiera, cultural, política y personal envidiable.
Y un día deja todo eso de lado para predicar de Jesús, que había resucitado de los muertos. Y desecha todos sus privilegios, respeto, fortuna y posición, y se convierte en el abanderado de esta nueva tendencia religiosa. Y como recompensa de ello este gran hombre reconocido socialmente, se transforma en un peregrino sin techo, sin fortuna y rechazado por sus hermanos judíos. Pierde a sus antiguos compañeros, debe escaparse de las ciudades de noche o escondido en una canasta para que no lo maten, es apedreado como un villano en las afueras de una ciudad, es encarcelado, azotado y encepado. Durante más de 4 años los judíos lo insultan en todo tribunal romano apelando por su muerte.
Y termina sus días encarcelado en Roma, donde según la tradición, le cortan la cabeza como a cualquier malhechor común.
Pero para él, el Evangelio no es una vergüenza sino todo lo contrario. Y vuelve en cada oportunidad a sufrir por la causa de Cristo. Nada le da vergüenza, ninguna situación es crítica, nunca vuelve atrás. No le importa nada, excepto hablar de Cristo y ensanchar Su Reino.
¿Qué era lo que motivaba tanto a Pablo? ¿Qué es lo que nos falta a nosotros para vivir como Él? Amor. Pablo estaba enamorado de Jesucristo y nada ni nadie podía impedir que lo sirviera de la mejor manera, sin medir consecuencias, sin medir costos. Solo por amor.
¿Tenés vergüenza de Cristo? Revisá cuánto lo amás.
REFLEXIÓN – En el amor no hay temor ni vergüenza.

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