24 de Mayo – Formal

Algunos de los fariseos decían: Este hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo.” Juan 9:16 (NVI)

Formal

No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Jesús estaba con sus discípulos cuando ven a un hombre que había nacido ciego,y Jesús declara que este acontecimiento iba a ser para dar Gloria a Dios.

Acto seguido, hace barro con saliva, se lo pone en los ojos al ciego y le dice que se lave. Cuando este lo hace, recibe la vista. El hombre que vivía en sombras permanentes pudo ver el cielo, el sol, la gente, el polvo, los árboles. Estaba maravillado y asombrado.

Jesús sana al ciego de nacimiento en un día sábado, que por la ley judía estaba prohibido ya que sanar era un trabajo, y el día de reposo era un día para no hacer ningún trabajo. Entonces los fariseos condenan la actitud de Jesús, y rechazan que semejante obra pueda ser de Dios.

Al analizar este pasaje después de 2000 años, causa gracia la ceguera de estos hombres que desprecian una muestra de amor tan grande y censuran ese gesto, simplemente porque se quebró una norma religiosa. Era más importante guardar la ley que curar, ser formalista que amar.

Hoy también encontramos estas actitudes en la Iglesia de Cristo. Personas que discriminan, que dividen, pelean y censuran por aferrarse a viejas tradiciones eclesiásticas. Es cierto que la Biblia es plena y totalmente inspirada y sigue siendo vigente. Nadie está cuestionando las verdades y doctrinas que Dios ha dejado, pero hay mucho rito que se guarda como si fuera doctrina, hay muchas formalidades que se imponen como si fueran dogmas.

Jesucristo nos deja un ejemplo magnífico de lo que es realmente importante para Dios. Más allá de los ritos religiosos y de las formalidades en los cultos, lo más importante para Dios es la persona.

Cristo nos dio el más claro ejemplo. El amor de Dios está por sobre las costumbres. Es inconcebible dejar a alguien afuera, simplemente por su ropa, su nivel socioeconómico, sus estudios, su familia, sus ideas políticas o su profesión.

No es una cuestión de renovar una doctrina que no puede discutirse, sino de revisar las modalidades y formas que la iglesia tiene y su adaptabilidad a las necesidades.

REFLEXIÓN – El amor de Dios vence las barreras del formalismo.

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