26 de Marzo – Neblina


. . . ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” Santiago 4:14 (NVI)
Neblina
El hombre siempre quiso perdurar, dejar su huella en la historia, dejar una marca en la humanidad. Lleva adentro esa necesidad de trascender, de ser eterno. Los antiguos reyes lo quisieron demostrar con sus pirámides y construcciones fastuosas, y hoy podemos escuchar a los famosos que desean permanecer. La literatura también deja constancia de este deseo. Los grandes imperios de la antigüedad son la muestra más clara del deseo de trascender del hombre. Hasta Walt Disney se congeló para perdurar. El hombre tiene ese anhelo de sentirse grande, poderoso, capaz, dueño y perdurable.
Pero se olvida de la realidad. Toda la gloria de la humanidad y los logros del hombre quedan reducidos a su verdadero significado cuando los ponemos en su correcta dimensión. Esto es, cuando los miramos con la lupa de Dios.
La tierra es solo un granito de polvo en el universo, y el hombre un minúsculo punto dentro de ese granito de polvo. No puede salir del círculo de la atmósfera porque muere (sin el equipo necesario), y tampoco puede nadar en las profundidades del mar porque sería destruido por la presión.
Y a pesar de ser tan limitado, finito, débil y simple, el hombre se cree que es sumamente importante. Uno mismo se considera importante y con autoridad para cuestionar y discutir con Dios cuando las cosas no salen como queremos, pero Santiago nos recuerda nuestra realidad. Somos tan permanentes como la neblina de la mañana, que cuando sale el sol desaparece. No queda ni rastros de ella.
Somos muy pequeños, sin valor, sin importancia, apenas algo minúsculo, y sin embargo, somos los receptores del mayor amor jamás conocido. Dios te ama como sos y te revalora. Pasamos de ser nada, a ser los herederos del maravilloso Reino Eterno de los Cielos.
Es increíble el amor de Dios que nos dio una condición tan excelente, sin que lo merezcamos. Dios revaloriza tu vida solo por amor. Pasamos de ser sombras, a ser hijos de Dios. Es increíble la grandeza de Dios que desea lo mejor y nos da significado. Los hijos de Dios somos valiosos e importantes porque tenemos a Dios.
REFLEXIÓN – Solo en Dios adquirimos valor.

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