26 de Abril – Fervor

 
«En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor.» Romanos 12:11
Fervor
En el antiguo Egipto existía la Ley de Amasis, por la cual cada ciudadano egipcio debía presentarse una vez por año frente al magistrado de turno, para justificar su empleo durante ese año. Tenía que justificar sus ingresos, mediante su oficio. Y además comprobar de qué manera había ayudado a la comunidad a progresar. Como había ayudado a otros a progresar en sus propios negocios.
Quien no podia demostrar esto, era asesinado sin juicio previo. Amasias había logrado con su ley, erradicar la pereza de la ciudadanía egipcia. Esto fue lo que hizo de Egipto el imperio poderoso que fue.
Tal vez Pablo no conocía la Ley de Amasis. Pero estaba convencido de la necesidad de aplicar el mismo concepto en el reino de Dios. Porque los seres humanos somos por naturaleza perezosos. Dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy. ¡Cuantas veces comenzaste a estudiar para ese final una noche antes del examen! ¡Cuantas veces fuiste a comprar la ropa para ese casamiento la tarde anterior a la fiesta!
Pensamos que siempre tenemos tiempo y dejamos todo para último momento. Lo único que provoca esto es un problema antes del evento. El concepto de diligente, que utiliza Pablo en esta frase es todo lo opuesto. Diligente es aquel que cumple con sus obligaciones de manera rápida y efectiva. El que no se duerme, el que responde a tiempo.
Y me gusta la frase con la que Pablo define la diligencia. Hay que ser fervoroso, hay que tener pasión. ¿Cuando fue la ultima vez que fuiste fervoroso a una reunión, o que sentiste pasión por leer la Biblia? ¿Cuando fue la última vez que estuviste orando y disfrutando de tu charla cotidiana con Dios? Somos perezosos para esto, nos falta diligencia.
Preferimos tirarnos a ver la tele, antes que abrir la Biblia para estudiar. Preferimos dormirnos porque estamos muy cansados, antes que dedicarle tiempo a Dios en oración. Perdimos la pasión por Jesucristo, nuestra relación ya se hizo una rutina, como la de un matrimonio de 25 años de casados. Están juntos, no se pelean, pero tampoco se demuestran su amor.
Acordate de la primera semana de novio. ¡Eso era pasión! Pablo nos invita a vivir de la misma manera, nuestra relación con Jesucristo. Él te ama con pasión.
REFLEXIÓN – Fervoroso o perezoso, vos elegís.

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