26 de Marzo – Antídoto

“Y la paz de Cristo gobierne en vuestros corazones, pues a ella fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.” Colosenses 3:15
Antídoto
Decir que hoy la humanidad vive en un continuo conflicto de violencia y guerra es una perogrullada. Circulan por Internet videos personas golpeando salvajemente a otras. Crece la tendencia de torturar y matar a indigentes en la calle.
Los chicos van al colegio con navajas o pistolas. Agreden al profesor y lo golpean con impunidad. Ya nos acostumbraron a vivir sin paz. Parece que esa tendencia ya no la podemos revertir, que no hay nada que pueda detener la impunidad de la violencia en la que vivimos.
Está en todos lados, en tus respuestas enojadas, en los portazos de tu casa, en los insultos y gritos cotidianos, en las peleas con tus padres, en la incomprensión de tus profesores. La violencia y la falta de paz se hicieron normales en tu vida. Y tampoco te preocupa.
Contra tanta locura, para la violencia y la falta de paz que atenta contra cada persona, Dios te ofrece la Paz de Cristo. No es una solución mágica, es una realidad, pero es nuestra mejor alternativa para contrarrestar este mal de siempre.
La de de Cristo no es una pastilla que podamos tomar cuando estamos ansiosos. Es la consecuencia de una vida alineada con la mente de Dios y sus principios, es la consecuencia de conocer y amar tanto a Dios, que podemos confiar y descansar en Él aunque todo a nuestro alrededor se desmorone. Conocer a Jesucristo es saber que Él es confiable y fiel. Y que su amor jamás va a disminuir.
Por eso podemos tener su Paz. Porque confiamos que nunca nos va a abandonar. Y por más duro o complicado que sea el problema, por más angustia que genere, por más soledad que haya, por más tristeza que tengas, siempre Jesucristo está a tu lado. Y eso te da paz.
Esa paz que tienes adentro, es la que tiene que mostrarse afuera. Primero en tu casa, y en tu iglesia, en la manera de comportarte y tratar a los demás, en tu manera de reaccionar frente a las cosas que te molestan y no te gustan, a tu manera de responder aun cuando te agreden.
No podemos cambiar la violencia que hay en el mundo, pero podés cambiar vos.
REFLEXIÓN – Matá la violencia con tu paz.

Artículos relacionados