28 de agosto – Blando

“La blanda respuesta aquieta la ira.” Proverbios 15:1 (NVI)
Dicen los especialistas en carreras de rally que nunca gana el más rápido o el más temerario de los conductores. El ganador comúnmente, es aquel que tiene el mejor copiloto para leer el mapa del terreno, y el que tiene la mayor capacidad de combinar el acelerador con el freno y la palanca de cambios con el freno de mano.
Son profesionales que cambian de velocidad pisando el freno a 200 km por hora sin perder la estabilidad del auto, evitando que la inercia los haga desbarrancar. Es una competencia muy difícil, y dura donde la tensión y la presión son una constante y donde el cansancio es tan complicado de vencer como el camino más agreste.
Salomón no sabía de rallys, pero sabía de la vida. Muchas veces las presiones y los problemas generan tensiones. Situaciones agresivas y de violencia donde generalmente se termina en una discusión o pelea. En estos casos cada uno tiene parte de verdad en lo que sostiene. Sólo un loco discutiría sobre la base de una mentira.
Y como cada parte del problema quiere tener razón, la mayoría de las veces la falta de acuerdo llega a los gritos, a la agresión física, a la falta de respeto, a romper las relaciones. Salomón nos deja hoy este consejo de aplicación universal. Es de sabios saber cuando aplicar el freno. Sólo los expertos conductores de la vida saben analizar el complicado terreno de las discusiones para saber cuándo se puede apurar y cuándo es necesario hacer un rebaje.
Por eso nos propone aplicar esta idea: “La blanda respuesta aplaca la ira”. En lugar de seguir echando leña al fuego de la discusión Dios nos alienta a bajar las revoluciones de agresividad y responder de manera blanda. No es ser un blando, alguien sin carácter o sin ideas. Pensamos que quien habla o grita más es quien tiene la razón, pero Dios nos presenta otra idea.
Nos invita a suavizar la conversación, a hablar sin ironizar ni insultar, a dialogar con respeto. Porque esto va a generar en el otro que también deje de agredir. Únicamente un loco sigue gritando cuando le responden amablemente.
El acuerdo solo se logra en estos términos, cuando el diálogo es posible. Y se puede dialogar nada más que cuando generamos una respuesta amable. Es lo que hacen los verdaderos hombres de Dios.
REFLEXIÓN – Blando es valiente.

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