30 de Octubre – Escogida


Acercandonos a Él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, pero para Dios escogida y preciosa.” 1 Pedro 2:4 (RVR)
Escogida
No soy geólogo. Sin lugar a dudas, para un geólogo, una piedra puede llegar a tener un valor especial porque es su elemento de análisis y conoce en detalle qué buscar. Pero para el común de los mortales, todas las piedras son iguales. Recuerdo mis vacaciones en la provincia de Córdoba, que cuando subíamos alguna montaña, las rocas eran todas igualmente molestas para caminar.  No se diferenciaban más que por el color, y no significaba mucho para mí ese detalle.
Cuando Pedro está escribiendo esta frase no pensaba en las piedras del camino, estaba pensando en la piedra angular del templo. Cuenta la historia que las piedras del templo de Salomón fueron cortadas en la cantera para que no hubiera ruido a herramientas al momento de construir el Templo. Todas fueron cortadas con especial cuidado, regulares y simétricas.
Solo la piedra angular era diferente, no era igual al resto y parecía que no encajaba. Por eso cuando los montadores recibieron las tandas de piedras para armar el edificio, y esa no les servía, la desecharon. Quedó a un costado y luego de algunos meses, quedó bajo la tierra o el pasto. Nadie la reclamó y se olvidaron de ella. Pero cuando quisieron terminar el templo faltaba una pieza y tuvieron que buscarla. Era especial  y única, igual que Jesucristo. Cuando Jesús vino a la tierra su gloria estaba opacada por su carne humana. No tenía ningún rasgo especial o único, parecía uno más del montón, otro carpintero más de Galilea.
Por eso lo desechamos, le restamos valor y no lo estimamos. Lo que los simples mortales pensaron que era poco valioso, Dios lo rescata como una piedra escogida y preciosa. Invaluable. Única. Especial. Pasaron los años, y Cristo fue dignificado. La Biblia se encargó de ponerlo en su lugar. Quien lee las Escrituras puede ver que Jesucristo es Dios, es el Salvador, es digno de Gloria, es precioso. A pesar de ello, hoy seguimos despreciándolo.
¿Dejarías un diamante tirado en la vereda de tu casa? ¿Olvidarías un lingote de oro en un vagón del tren? ¡No! Sin embargo, nos olvidamos de Jesucristo y su maravillosa obra de la cruz, cada vez que pecamos. Si Jesucristo es para vos especial y precioso, tendrías que demostrarlo. No lo dejes abandonado.
REFLEXIÓN – Cristo es precioso.

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