6 de abril – Cruz

“Lo crucificaron y repartieron su ropa echando suertes.” Mateo 27:35 (NVI)
Leí esta nota en un diario: La más primitiva confesión de fe cristiana dice que Jesucristo “murió por nuestros pecados”. Los cristianos, decimos en el Credo: “Fue crucificado…”, sin más detalles. Nadie se detiene a describir de qué forma se realizó ese terrible acto.
Esta carencia de datos es comprensible. Imaginamos la escena como la presentan los cuadros renacentistas, con cierta cantidad de personas rodeando al crucificado y a sus verdugos. Pero la realidad fue muy diferente, puesto que siempre que se procede a la ejecución de un condenado los curiosos son mantenidos a distancia. Los evangelios dicen que los familiares y los discípulos “contemplaban desde lejos”. Si existe alguna idea de cómo era una crucifixión, es por lo que dejaron registrado los escritores antiguos.
La crucifixión, “el más cruel y horroroso de los suplicios”, según Cicerón, consistía en colgar a una persona de una cruz o del tronco de un árbol fijándolo con sogas o con clavos, y en dejarla en esa posición hasta que muriera. Cuando se trataba de una cruz, según las costumbres romanas, la madera transversal patibulum era llevada en hombros por el condenado, que recorría desnudo el trayecto entre el tribunal y el lugar de ejecución, donde ya se encontraba fijo el palo vertical stipes. Se le colgaba al cuello una tabla en la que constaba el delito por el que había sido condenado, y esa tabla quedaba a la vista de todos una vez realizada la crucifixión.
No se conoce cómo era la cruz de Jesús. Pudo haber tenido forma de cruz “†”, de “T”, de “X”, u otra. Los tres primeros evangelios no dicen si Jesús fue atado o si se usaron clavos para fijarlo en la cruz. Solamente el evangelio de San Juan hace referencia a los agujeros de los clavos en sus manos.
Al condenado se lo colgaba desnudo, porque su ropa y otras pertenencias eran repartidas entre los que procedían a la ejecución. En la mayoría de las obras de arte cristiano, el cuerpo de Jesús crucificado aparece cubierto por un paño, pero algunos escritores de la Iglesia antigua refirieron su desnudez en la cruz. Para que todos lo vieran y temieran cometer los mismos delitos, la ejecución se realizaba en un lugar de mucho tránsito. El crucificado quedaba expuesto, sufriendo una agonía que duraba varios días, mientras los soldados romanos lo custodiaban para que nadie se acercara a ofrecerle algún alivio. Después de tan espantoso sufrimiento, el condenado moría de fiebre, o de sed e inanición, o porque estando tanto tiempo suspendido por los brazos, se le comprimía el tórax y moría por asfixia.
REFLEXIÓN – Fue por vos.

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