9 de Junio – Yunta


No os unáis en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué compañerismo tienen la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión, la luz con las tinieblas? Así que, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” 2 Corintios 6:14 y 7:1 (NVI)
Yunta
Desde que tengo uso de razón que escucho este texto aplicado al noviazgo cristiano, y desde que tengo memoria, que veo muchas parejas tristes. Muchas veces somos muy orgullosos y nos creemos más inteligentes y divertidos que Dios, y hacemos las cosas a nuestra manera. Recién cuando vemos que la decisión fue equivocada reconocemos que Dios tenía razón.
Dios no da alternativas pero espera que sus hijos seamos santos y a veces nosotros lo olvidamos. No es que tengamos que encerrarnos en nuestro cuarto y no salir nunca para ser santos, sino que debemos ir a trabajar, al colegio, a divertirnos, a pasear, pero teniendo siempre presente la norma que rige nuestra vida: “Santidad”.
Cuando Pablo habla del yugo desigual, estaba pensando en el tronco que se ponía sobre dos bueyes para que tiren de una carreta. La idea era mantener parejos a los bueyes para que tiren derecho. Lo mismo pide Dios respecto de nuestras compañías, que sean parejas para que siempre nos ayuden a caminar derecho. Esto se aplica para la pareja, los amigos, los negocios y la vida en general.
Esto le pasó a Salomón, le estaba rindiendo culto a pedazos de piedra por haberse unido a mujeres extranjeras. Es un espectáculo lamentable. Igual que el que brindaríamos nosotros si nos juntamos con nuestros compañeros y hacemos lo que ellos hacen. Así corremos el riesgo de tropezar, y cambiar los principios de Dios por costumbres del momento, por ideas del diablo.
Es cierto que ser santo trae problemas, seguramente te van a dejar a un lado, pero es el costo que debemos pagar por ser cristianos. Debemos ser sociables y simpáticos con todos, pero no debemos permitir que las malas costumbres de los demás se nos hagan hábito.
Si tus compañeros que no son creyentes, te aceptan como uno más y no te discriminan, es porque tu testimonio posiblemente deje mucho que desear y no sos SANTO como Dios quiere. Hoy es tiempo de marcar la diferencia.
REFLEXIÓN – Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.

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