11 de junio – Enseñanza

“La enseñanza del sabio es fuente de vida, para apartarse de los lazos de la muerte.” Proverbios 13:14 (NVI)
Leí una historia de un médico que plantaba árboles. Su vecino lo veía cada semana plantando nuevos retoños. Pero pocas veces advirtió que los cuidara, los regara o que vigilara su crecimiento. Durante meses observó el accionar de su vecino, hasta que intrigado, lo consultó:
¿Por qué dedica tanto tiempo a plantar árboles y pocas veces riega los retoños o cuida las plantas que están creciendo?
A lo que el médico contestó: porque si lo hiciera, en lugar de beneficiarlos, los estaría dañando a futuro. Si yo regara los retoños, acostumbraría a la planta a buscar agua en la superficie y no crecería para abajo. Sus raíces no se introducirían en la tierra y perderían profundidad. Y cuando vinieran las tormentas, no podrían sostenerse. Es cierto que mi técnica les hace más difícil su vida, pero lo que es un sacrificio durante estos primeros años, redundará en beneficios para el futuro.
El vecino, por cuestiones de trabajo, tuvo que viajar a otro país en el que se quedó a vivir por más de veinte años. Pasado ese tiempo, regresó al suyo y quiso visitar su viejo barrio. Cuando llegó, no lo reconoció. Había un enorme bosque que antes no existía. El médico había hecho bien su trabajo. Pero notó algo más. Era un día muy destemplado, frío, con mucho viento y lluvia. Y muchos de los árboles del bosque se doblaban sin poder resistir el fuerte viento.
Sin embargo, los árboles que el médico había plantado en el parque de su casa, estaban todos erguidos y derechos. Resistían la fuerza del viento con sólida robustez. Se notaba que tenían sus raíces bien profundas.
Dios no es malo cuando permite que la vida nos golpee. Igual que el médico, quiere fortalecer nuestras raíces para que podamos resistir las tormentas que van a venir. No se puede vivir siempre en el limbo de la despreocupación. Tarde o temprano la angustia, el dolor, el sufrimiento o la inquietud golpean la puerta de nuestra existencia.
Para que el viento de la duda no derribe tu vida, Dios desea enseñarte en la aflicción cotidiana. Su enseñanza es fuente de vida. Lejos de querer destruirte, Él quiere fortalecerte para que puedas resistir de pie.
REFLEXIÓN – Seguir firme tiene un costo, podés pagarlo.

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