12 de Julio – Tesoro


Serás para mi especial tesoro, dice Jehová de los ejércitos, en el día que yo actúe. Los perdonaré como un hombre perdona al hijo que lo sirve.” Malaquías 3:17 (RVR)
Tesoro
Cuando era chico leí el cuento del famoso rey Midas, un rey que deseaba tener el tesoro más grande de la tierra. Por eso consulta con su mago principal y le pide que le dé la posibilidad de convertir en oro, todo lo que tocaba con las manos. El mago accede a su petición, y le da un polvo para tomar diluido en agua.
A la mañana siguiente, cuando Midas se levanta, corre las sábanas y las convierte en oro. Se va a poner los zapatos, y se convierten en oro. Alucinado el rey comienza a tocar todo lo que puede, y por el encantamiento, todo se convierte en oro. Cuanto más tenía, más quería. Y no se cansaba de pedir cosas para tocarlas, y así incrementar su tesoro.
Hasta que un día su hija va a verlo, y como solía hacer siempre, el rey Midas la abraza y la convierte en oro.
¡¡¡No!!! Fue el grito desgarrador. Inmediatamente mandó a llamar al mago para que revierta el hechizo. Quería a su hija de carne y hueso, no una estatua de oro. Había encontrado algo que era mucho más valioso que el oro, y lo había perdido. Ninguna riqueza del mundo podía equipararse a su hija. Quizás nunca se había ocupado mucho de ella, pero uno se da cuenta las cosas que tiene cuando las pierde.
El mago le dijo que para hacer esto, era necesario romper todo el hechizo y cada cosa que el rey había convertido en oro, volvería a su estado original. Entonces el rey se dio cuenta que en realidad, su mayor tesoro no eran el oro, sino su hija. Y ordenó revertir el hechizo.
Generalmente descubrimos el valor de las cosas cuando las perdemos, y añoramos aquello que ya no tenemos y lloramos por recuperar aquello que perdimos. Somos tontos por naturaleza. Pero Dios no es así, sino a la inversa. Para Dios somos su especial tesoro, algo valiosísimo, aun antes de ser sus hijos.
Por eso permitió que Jesucristo sufriera la peor de las muertes, para salvarnos. Para Dios tu vida vale la vida de Cristo. ¡Agradecele y adorá a Dios por su inmenso amor, y porque para Él sos su especial tesoro, aunque no seas de oro!
REFLEXIÓN – Para Dios sos siempre muy valioso.

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