12 de Noviembre – Arrebatar

“Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano.” Juan 10:28
Arrebatar
Arrebatar: sacar por la fuerza de manera repentina, aprovechando el descuido del sujeto para robarle sus pertenencias. Hay una nueva modalidad de robo en Buenos Aires. Las pandillas de ladrones usan jóvenes que pasean por las principales y más populosas calles porteñas. Observan y detectan a algún caminante que está hablando por celular.
Hoy todos tienen un celular, y parece que hay que tener el último modelo para ser mejor que el resto. Así que estos ladrones oportunistas, caminan detrás de algún caminante que habla por su celular, uno le golpea la mano, el celular se cae, otro pasa rápido, lo levanta del piso y sale corriendo. En fracción de segundos le arrebataron el celular.
El que habla siempre está descuidado, porque está concentrado en lo que está hablando. No piensa que alguien puede arrebatarle el celular. Pero pasa. Y la perdida es grande. Cristo sabía mucho de arrebatos, de pérdidas y de descuidos. Había visto durante toda la historia de la humanidad, como las personas, padecen de estos males cotidianos. Incluso sus discípulos tenían estos problemas.
Por eso, les garantiza en este pasaje, la seguridad que Dios ofrece hoy y siempre. Cristo ofrece vida eterna. No es solamente una vida que no termina, porque eso podría resultar muy triste. Es muy desagradable vivir en una silla de ruedas, y pensar en estar toda una eternidad de esa manera es un pensamiento demasiado sombrío. Cristo ofrece una vida que además de durar para siempre, es una vida feliz y satisfecha.
Jesucristo ofrece una vida de eterna tranquilidad, de paz, de armonía, de bienestar. Pero una oferta tan agradable, es difícil de sostener. Nadie puede estar hoy todos los días contentos, y nos acostumbramos a vivir un día bien y un día mal. Pero la vida que Cristo nos ofrece no es así. Sino que es permanentemente buena.
Y esta es la garantía que no deja, nadie nos puede sacar ese privilegio, porque Él nos cuida. Nadie nos puede arrebatar de la mano de Dios. Nada ni nadie, ni la vida, ni la muerte, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni el diablo, le puede arrebatar a Jesucristo, tu vida eterna.
Adoralo ahora por la seguridad que nos ofrece.
REFLEXIÓN – Jesús nunca se descuida.

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