20 de Diciembre – Compasión

“Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones.” Salmo 51:1
Compasión
David había hecho todo mal. Era el rey a quien Dios le había dado prosperidad, paz y unidad en el reino. Ahora estaba disfrutando de los beneficios de las bendiciones de Dios. Estaba en su mejor momento. Dios estaba de su lado, las cosas le iban muy bien, era exitoso y respetado.
Y en el mejor momento de su vida, comete una serie de pecados terribles. Es cierto que el reytenía el derecho de hacer lo que quisiera. Pero David se paso de la raya. Vio a una mujer desnuda y la deseó. Como era el rey, podía tomar lo que quisiera. Se acostó con ella y la dejó embarazada. Para tapar su error, manda traer al marido de esa mujer del frente de batalla y le da dos noches de licencia para que este con su mujer.
El soldado, fiel a su rey y a su general responde: No puedo tomarme esa licencia mientras mis compañeros están sufriendo en el campo de batalla. Y se quedó haciendo guar día en la puerta del palacio. Entonces David, decide mandarlo al frente de la batalla para que lo maten. Le escribe una carta al general y le dice que lo mande al peor lugar y lo deje solo. Obviamente este soldado muere en la batalla. Después del luto de la mujer, David se casa con ella.
¡Cuánto habrán murmurado y criticado a David por lo que hizo! Los comentarios por lo bajo en los pasillos del palacio, habrán sido lapidarios e injuriosos. Nadie se lo decía en la cara, pero todos lo criticaban con dureza. Al tiempo, David se da cuenta lo que había hecho y escribe este salmo maravilloso.
Hubo arrepentimiento en David, hubo dolor en su corazón, pero nada pudo devolverle la vida a Urias, el soldado a quien mandó matar. Pasaron los siglos y seguimos enjuiciando a David por lo que hizo. Fue algo terrible y condenable. Sin embargo Dios piensa distinto.
Por su gran amor, y por su inmensa bondad, Dios borró sus transgresiones y sus pecados, y el sujeto despreciable que era condenado por toda la corte, siguió siendo el rey conforme al corazón de Dios. Dios no lo rechazó. Le dio otra oportunidad. Arregló su caña quebrada y volvió a hacer música para Dios.
REFLEXIÓN – A pesar de vos, sos útil para Dios.

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