15 de julio – Perfección

“Él me dijo: Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo.” 2 Corintios 12:9 (NVI)
“No hagas lo que sabes que no debe hacerse, y no desees aquello que sabes que no debe ser deseado. Con esto basta para que te encamines hacia la perfección.” (Enseñanza del confucianismo: Meng Tsu, VII, 1, 17)
Esta enseñanza que Confucio proclamó hace tantísimo tiempo, aproximadamente en el siglo V aC , es similar a todos los consejos de las diferentes culturas religiosas que se difunden en la tierra, desde hace miles de años. Cada religión propone un camino de renuncia y sacrificio para lograr la perfección. Se requiere del discípulo el esfuerzo de negarse a realizar aquellas cosas que su naturaleza le induce a hacer, para purificar su alma y alcanzar el estado de perfección que Dios espera.
Todas las religiones esperan ese comportamiento de sus fieles, pero en realidad, esa recomendación es muy difícil de cumplir. Porque, naturalmente nos seduce más hacer lo que no se debe hacer, o desear lo que no se debe desear. Y entonces, se presenta la eterna dicotomía: se espera que el creyente fiel sea responsable y cumpla con lo que Dios exige, pero en nuestra realidad cotidiana se está muy lejos de acatar esas exigencias. Y el fracaso frustra y desilusiona.
Frente a este mal de los seres humanos, Dios plantea su solución perfecta. Cuando todas las demás religiones sólo ofrecen los requerimientos de perfección, Dios nos propone un camino de solución para alcanzar lo que todos exigen. Dios sabe de nuestras debilidades y de nuestras deficiencias. Entiende nuestros fracasos y también nuestros problemas. Y conoce nuestras inclinaciones y pecados.
Entonces, ahora nos dice: para lograr la perfección que espero, no alcanza con tu fuerza, es necesario mi poder. Dios sabe que no alcanza con tus buenas intenciones, por eso te ofrece hoy su extremo y eterno poder para solucionarlo. El poder de Dios puede hacer que hagas lo que no tenés deseos de hacer y que no desees lo que no debe ser deseado.
Dios puede darte de ese poder que cambia la mente, las prioridades y la vida. Dios quiere compartir con vos su fuerza para superar tus malas inclinaciones. La perfección es posible solamente con el poder de Dios.
REFLEXIÓN – Usá el recurso del poder de Dios. Perfeccionate.

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