18 de febrero – Referencia

“Jesús le respondió: Nadie que mire atrás después de poner la mano en el arado es apto para el reino de Dios.” Lucas 9:62 (RVR)
La gente de campo conoce muy bien cómo hacer para que el surco del arado salga siempre bien derecho. Mantener el rumbo recto se hace muy difícil. La solución es tan efectiva como antigua.
Quien va a arar, sabe que debe fijar su mirada en un punto de referencia lejano: un árbol, una roca grande, algún elemento preciso que pueda ser utilizado como indicador. Y después, comenzar a hacer el surco sin desviar la mirada de ese punto de referencia. Si se mantiene firme la mirada hacia adelante, el surco resultará derecho. Pero si se comete el error de mirar para un costado, con seguridad el surco terminará torcido.
Jesucristo toma esta idea cuando les enseña a sus discípulos cómo actuar para el reino de Dios. Cierra este pasaje comentado que aquel que quiera ser un buen discípulo suyo no puede mirar hacia los costados, y mucho menos para atrás. El pasado te ata.
No importa qué pasado tengas, tu pasado te ata. Por eso Cristo te propone hoy mirar para adelante. Si pecaste y le fallaste a Dios, si hay culpa en tu corazón, si te pesan tus errores, hoy Cristo te recuerda: mirá para adelante. Mirá a Jesús, Él es tu punto de referencia, tu meta y tu camino. No importa cuál haya sido tu pecado, Dios perdona y olvida, por eso es Dios. Que tu pasado de errores no te limite para ser un buen discípulo de Jesús.
Pero que tampoco te aten tus éxitos del pasado. Por lo general, siempre recordamos las cosas que fueron buenas en tiempos anteriores. No hubo otro hombre como el apóstol Pablo. Un incansable predicador del evangelio, fundó muchas iglesias, aconsejó a miles de cristianos, escribió más de la mitad del Nuevo Testamento. Un hombre digno de imitar. Alguien que podría sentarse en el living de su casa a contar las historias de sus años de gloria. Sin embargo, este hombre escribe: Una cosa hago, olvidando lo que pasó atrás, me extiendo hacia delante, para alcanzar la meta.
No le importaba cuántas cosas buenas había hecho para Dios. No se excusaba por esos logros para tirar la toalla en el presente. Miraba para adelante, se olvidaba de lo que había hecho y hacía más.
El verdadero discípulo de Jesús no mira para atrás, ni por sus pecados ni por sus éxitos.
REFLEXIÓN – Mirá para adelante.

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