2 de julio – Grande

“…Tú has hecho grandes cosas; Oh Dios, ¿quién como tú?” Salmos 71:19 (RVR)

Hay una gran diferencia entre lo que se ve de Dios en la actualidad y lo que mostraba en el pasado. Hoy, Dios no se manifiesta como lo hacía en las páginas de la Biblia. No solemos ver su Mano de Poder actuando en la vida cotidiana.

Ya no se observan mares abiertos para que pase una multitud caminando en seco, ni plagas terribles que se suspenden por orden de Moisés, ni muertos que resucitan, ni muros que se caen, ni ejércitos derrotados por el granizo, ni tantas maravillas que la Biblia cuenta y que en el presente no advertimos.

Para peor, hoy vivimos vidas chatas, mediocres y rutinarias. Nos acostumbramos a la liturgia de cada culto. No hay nada magnífico ni sobresaliente en nuestra semana. Nos habituamos a hacer las mismas cosas todos los días y no hay ningún hecho espectacular que marque la diferencia. Estamos tan adaptados a esto, que suponemos que Dios tiene el mismo carácter que el nuestro. Minimizamos a Dios haciéndolo parte de nuestra rutina diaria.

Pero, lo cierto es que hoy todavía podemos ver también el poder transformador de Cristo que cambia la vida y la mejora. Hace del villano un hombre de bien; del hombre mentiroso, alguien que es honesto y verídico. Él puede cambiar tus hábitos y tus malas costumbres; te puede dar toda la fuerza que necesitás para dejar de hacer lo malo.

Por eso es vital la exclamación del salmista. Dios hace grandes cosas, todos los días y a cada momento. Dios hace maravillas. Solo necesitamos mirar un poquito, salir de nosotros mismos y ver lo que nos rodea.

Y podremos contemplar el amanecer, el rocío en la vereda, una sonrisa, el correo de un amigo, un regalo, tu mujer, poder mover los dedos, un abrazo, la lluvia, un trabajo, una computadora, poder elegir qué comer, leer un libro, tener una estufa en tu casa, poder sonreír.

Quizá Dios ya no se manifieste de manera espectacular, porque no hace falta, pero sigue siendo el Dios Todopoderoso, el hacedor de maravillas. Dios tiene la fuerza para lograr todo, no hay nada difícil para Él. Nada es imposible para Dios.

No te desanimes por tu rutina, no te desalientes si nada cambia y todo sigue igual, no te angusties porque las cosas no salen. ¡¡Tenemos un Dios súper poderoso y eterno!! Él puede hacer maravillas en tu vida.

REFLEXIÓN — No hay nadie como Dios.

 

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