21 de noviembre – Esencial

“Pero Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” 1 Samuel 16:7  (RVR)
Cuando uno está buscando trabajo, aparece siempre en los clasificados la temible descripción “imprescindible buena presencia”. Es que como seres humanos nos dejamos llevar por lo externo, lo superficial y lo que agrada a nuestros ojos. Esta misma idea la toma la gente de la publicidad, y para vender cualquier producto, siempre pone a modelos hermosas, jóvenes bien formados y agradables. Sin importar el producto que se está vendiendo, la característica es que aparece gente linda, bien vestida y a la última moda
Le pasó lo mismo al profeta Samuel, un hombre de Dios, que muestra su lado humano al impresionarse por el hermano mayor de David y decir: “delante de Jehová está su ungido”. Es que este hombre tenía atractivo físico y una gran estatura, era un hombre indicado para ser rey. Pero Dios estaba buscando otra cosa. Estaba mirando algo que no puede verse, porque Jehová mira el corazón. Dios mira las actitudes y motivaciones internas de cada persona.
Dios no elige a sus siervos, para ponerlos en su obra por su atractivo físico, su estatura o su manera de vestirse. Si lo hiciera así, muchos de nosotros jamás podríamos estar sirviendo a Dios. La iglesia sería una elite de algunos que cumplen ciertos requisitos físicos y quedaríamos excluidos todos los que somos más simples.
Pero ¡Gracias a Dios que Él mira el corazón! Él desea encontrar hijos que sean dóciles, y obedientes, que tengan la capacidad de trabajo y sacrificio, que tengan vocación de servicio. No pasa por lo externo. Es una cualidad interna.
Y a diferencia de la belleza exterior, que viene cuando nacemos, esta cualidad que Dios requiere para Su Servicio, es algo que se puede aprender.
Nadie puede excluirte de esta condición, excepto vos mismo. Vos sos aquel que no desea pagar el precio del sacrificio, y por ello te autoexcluís de la bendición de Dios.
Dios selecciona a sus siervos para Su servicio y elige lo mejor para cada tarea. Pero no elige según los parámetros del hombre. Dios elige según el corazón.
REFLEXIÓN — Lo esencial es invisible a los ojos.

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