22 de febrero – Corona

“Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre.” 1° Corintios 9:25 (V. Dios habla hoy)
Hace algunos años en la principal liga del fútbol italiano se descubrió un fraude. Hubo equipos que sobornaron a algunos árbitros para ser favorecidos por sus decisiones. Cuando el escándalo salió a la luz los equipos involucrados sufrieron una quita de puntos, el descenso de categoría y una importante multa. Los árbitros fueron expulsados de por vida del colegio y no van a poder dirigir nunca más un partido. Uno de los implicados, el club Juventus, había salido campeón de la liga. Obviamente, perdió su copa con todo lo demás.
En casos fraudulentos es más fácil ver el castigo de quien se comporta en forma desleal. Por lo contrario, el premio a veces no llega aunque hayas hecho un gran esfuerzo para conseguirlo. ¿Cuántas veces llegaste cuarto en la carrera y te quedaste fuera de una medalla? ¿ Cuántas veces, aunque corriste toda la cancha, te ganaron el partido en el último minuto? No siempre el premio se lo lleva el que más se esfuerza o se lo merece. Hay ocasiones en que la suerte te juega una mala pasada y puede ser que pierdas tu premio.
A veces, te descalifican antes de empezar a jugar y ni siquiera podés entrar a la cancha. A veces pensás que sos el mejor y te quedás confiado, como le pasó a la liebre en la carrera que perdió con la tortuga. A veces, ni siquiera tenés ganas de participar.
¡Gracias a Dios porque en su reino las cosas son diferentes! Él no cambia las reglas. Dios ve a cada uno de los competidores y recompensa no sólo el éxito que todos aplauden, sino también el esfuerzo que nadie ve. Dios siempre premia al que corre bien. No le importa que llegues primero, sino que cumplas tu misión. Únicamente hay que correr con las normas que Él te indica y mantener la fidelidad a pesar de las contrariedades.
Ningún deportista quiere salir segundo, mucho menos perder por goleada. Hoy Dios te está invitando a que formes parte del equipo del cielo, te convoca a la selección eterna. Tenés que prepararte, entrenar, esforzarte, ser disciplinado, consecuente y sacrificado. Tu premio dura para siempre. ¡Es incorruptible!
REFLEXIÓN – Luchá por tu galardón.

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