22 de octubre – Alianza

«Ay de los hijos rebeldes que ejecutan planes que no son míos, que hacen alianzas contrarias a mi Espíritu, que amontonan pecado sobre pecado, que bajan a Egipto sin consultarme, que se acogen a la protección de Faraón, y se refugian bajo la sombra de Egipto.» Isaías 30:2 (NVI)
El pueblo de Israel estaba preocupado. Los pocos que habían quedado después de la deportación a Babilonia estaban en una situación crítica. La ciudad destruida, la economía quebrada, la política tercerizada en un representante del rey invasor, la moral por el piso, los recursos agotados, los amigos ausentes, los graneros vacíos. El futuro se cernía oscuro y el presente patético. Cualquier alternativa era complicada y riesgosa.
Entonces alguien fue a buscar al profeta Jeremías para consultar a Dios y saber que hacer. En medio de tanto caos, fue la mejor decisión que pudieron tener. Lamentablemente, la estupidez humana siempre supera al buen consejo divino.
Se había corrido la noticia que en Egipto había paz y prosperidad, y muchos deseaban emigrar. La respuesta de Jeremías fue simple: Dios les aconseja quedarse en Judá. Él va a cuidar al remanente que permanezca fiel y guarde la ciudad. Pero castigará duramente a aquellos que busquen la bendición en Egipto. Esa fue una respuesta que no deseaban oír. Su deseo era ir a Egipto, y el peso de su capricho fue decisivo aunque era oponerse al consejo divino. Los que fueron, terminaron masacrados.
Cuando leía esta historia, no pude evitar de hacer el paralelismo con mi vida y con lo que veo a diario. Hay días que nos encontramos como los del pueblo de Israel. Frustrados, fracasados, dolidos y sin esperanza. Buscamos respuestas donde solo hay silencio y anhelamos algo de paz y prosperidad.
Y a veces, como ellos, nos seducen los cantos de sirena que el mundo nos ofrece. Atajos para obtener en forma rápida lo que tanto necesitamos con la única salvedad de tener que desobedecer a Dios al buscarlo. Pensamos como Maquiavelo que el fin justifica los medios y accedemos a fallarle a Dios con tal de satisfacer nuestra necesidad más urgente.
La consecuencia es la misma que para aquellos israelitas. Para cualquier decisión que implique desobedecer a Dios, siempre el resultado va a ser peor que la situación inicial. A la corta o a la larga, se cumple la premisa divina. Recién comenzamos el año. Dios nos desafía a decidir bien.
REFLEXIÓN — Hacé tu mejor alianza.

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