23 de Septiembre – Abatido

“Él es el que en nuestro abatimiento se acordó de nosotros, porque para siempre es su misericordia.” Salmo 136:23
Abatido
Durante la batalla de San Lorenzo, donde las tropas argentinas luchaban contra las españolas por la independencia del país, el general José de San Martín, quedó atrapado por su caballo muerto y un enemigo lo tenía indefenso para matarlo. Justo antes que lo hiciera, el sargento Cabral se interpuso entre su general y el enemigo y recibió el impacto de la bala.
Antes de morir, le dijo a su comandante: Muero contento, hemos batido al enemigo. Siempre me resultó difícil creer que un hombre al borde de la muerte pueda decir semejante frase, pero le podemos dar el beneficio de la duda.
Pero inmortalizó una frase que es la declaración de la victoria. Se batió al enemigo. Hemos triunfado. El problema es que la victoria de uno, marca el fracaso del otro. Sucede en los partidos de football, en los juegos, en las carreras, en la vida. Algunos ganan y otros pierden. Y los que pierden son los abatidos.
Hoy no peleamos guerras, y a veces perdemos algún partido de volley, pero por lo general, son otras ligas donde perdemos más seguidos. Somos abatidos por los problemas, las dudas, los temores y la vergüenza. Nos aplasta el fracaso, y los problemas nos sacan las ganas de vivir. Transforman la alegría en tristeza y la plenitud en pesadumbre.
¡Estas abatido! Y te ganan los fracasos. Ponele el nombre que quieras, un examen desaprobado, la pérdida del trabajo, un amigo que falla, el hambre, un hijo enfermo, la depresión, el novio que te deja, una duda, sentirte el más feo, la falta de plata, una pelea en el matrimonio, una palabra que lastima, un abrazo que no llega, el silencio, la muerte de un ser querido, una enfermedad incurable, pero el sentimiento siempre es el mismo. Bajás los brazos, inclinas la cabeza, no querés seguir.
Hoy el salmista te recuerda que el remedio para esos días grises. Cuando estás abatido, Dios se acuerda de vos. No estás solo para enfrentar la dificultad que te toca vivir. Dios te acompaña. Tal vez no te quite el problema, pero te va a dar fuerzas para sobrellevarlo. No hay problema más grande que Dios.
Lo que hoy te hace sufrir, Dios lo sabe y quiere ayudarte. En tu peor momento no estás solo.
REFLEXIÓN – Acordate, Dios se acuerda.

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