24 de Septiembre – Restauración

«Si te arrepientes, yo te restauraré y podrás servirme. Si evitas hablar en vano, y hablas lo que en verdad vale, tú serás mi portavoz. Que ellos se vuelvan hacia ti, pero tú no te vuelvas hacia ellos.» Jeremías 15:19
Restauración
Jeremías se estaba quejando, había dicho: ¿Por qué no cesa mi dolor? ¿Por qué es incurable mi herida? ¿Por qué se resiste a sanar? Era una queja justificada, estaba sufriendo una situación que no era justa. El no merecía estar pasando por ese momento tan desagradable.
Además, Jeremías era un fiel profeta de Dios. No era un vago o un indiferente, no servía a otros dioses. Jeremías era obediente a los mandamientos de Dios y era cuidadoso de que decir, que hacer y como actuar. Por eso no comprendía por que tenía que pasar por semejante situación. Si Dios era justo, tendría que intervenir para auxiliarlo.
¡Cuantas veces estuvimos en la piel de Jeremías, preguntando al cielo, por qué no cesa el dolor que parte en dos el corazón, que quita el sueño y que destroza la esperanza! Desearíamos que Dios intervenga y muestre su poder, que solucione el problema que nos angustia y libere nuestra alma de tanto sufrimiento.
Sangra el corazón por tanto dolor, por tanto tiempo sin respuesta, y suplicamos como Jeremías que Dios actúe. Gratifica y alienta, las palabras con las que Dios le responde a este profeta enojado y dolido. No hay reproche en las palabras de Dios. Solo esperanza y amor.
Frente a la incomprensión del profeta, y su queja, Dios le propone mantener la confianza, para restaurar su vida, y armarla nuevamente. Dios tiene el poder para construir de las ruinas de tus dudas por el dolor de tu sufrimiento, una torre de esperanza aun cuando no haya nada seguro en lo que creer.
Porque Dios es esa Roca que no se mueve, Dios es la garantía de seguridad para un futuro incierto, Dios es la tranquilidad en medio de la tormenta, y el descanso para tus días de angustia y agitación. Él quiere restaurarte, volver a darte la confianza en Su Persona para que puedas enfrentar tu momento tan difícil acompañado y seguro.
No hablés de más, no te quejés por lo que te toca vivir, no desconfíes de Dios. Volvé a confiar en Dios. Él tiene el poder y el control.
REFLEXIÓN – Dios puede restaurar tus ruinas. ¡Dejalo!

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