26 de octubre – Cadenas

“Me cercó por todos lados, y no puedo salir; ha hecho más pesadas mis cadenas.” Lamentaciones 3:7(RVR)
Jeremías estaba padeciendo el peor sitio de la historia de Jerusalén. No había manera de salir. Fueron muchos meses de esperar la muerte lenta que podía producirse por hambre, por sed, por infecciones o simplemente por la espada babilónica. La situación no podía ser peor. Era un castigo terrible, aunque justo, para una terrible desobediencia. Pero Jeremías estaba sufriendo por las culpas de otros. No había desobedecido, y había sido un profeta fiel. Era tal vez el único que no merecía ese castigo.
Sin embargo, estaba en la ciudad en ruinas, padeciendo el hambre y sin esperanzas. Había anticipado este problema; él sabía lo que iba a suceder. Caminando por la ciudad desolada, Jeremías tal vez pensó en esto que escribió. Ahora, la población se encontraba sitiada. No había manera de salir. Estaba cercado por todos lados. La carga del castigo era demasiado pesada, pero no debido a las cadenas físicas, sino por las cadenas del alma.
Es que la realidad, cuando duele, se torna muy pesada. Siempre el problema del otro parece menos significativo. Pero cuando nos toca en carne propia, se siente el dolor de la angustia. Jeremías había anticipado el conflicto, pero ahora era parte de él. No podía escaparse, se hallaba metido en el medio de la tormenta. Y es por eso que se lamentaba.
Tal vez te sientas como Jeremías hoy, agobiado por el peso de tus dificultades, ¿Cuáles son las cadenas que más te duelen o incomodan? ¿Cuáles son las cargas mas pesadas de tu alma? Solo aquel que pasó por el ojo del huracán puede entender la queja de Jeremías de sentirse solo y sin respuestas. Dios lo sabe. Él conoce lo que te cuesta dar otro paso más. Sabe de tu aflicción y de tu necesidad. Entiende tu dolor. Y te hace la misma promesa que le hizo a su fiel profeta.
No estás solo en tu problema. Las cadenas no serán pesadas para siempre. Dios siempre te asegura una salida. Aun en la peor de tus circunstancias, Dios tiene una salida al final del camino, para que no decaigas. Tal vez hoy no puedas verla y te parece demasiado pesada tu carga. Dios no te deja solo. Te ayuda a llevar el peso y te abre una salida.
REFLEXIÓN – Dios te libera de tus cadenas, probalo.

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