25 de diciembre – Regalo

“Cuando llegaron a la casa, vieron al niño con María, su madre; y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le presentaron como regalos oro, incienso y mirra.” Mateo 2:11 (NVI)
Desde que era pequeño, el 25 de diciembre tiene una tradición que no puede romperse. Los niños de la casa no pueden ver los regalos que Papa Noel dejó en el arbolito hasta que los padres los invitan. Cuando yo era niño, el árbol de navidad se armaba en el living de casa y se cerraba la puerta para impedirnos ver que había debajo del árbol. Era muy fácil abrir esa puerta, pero nunca lo hicimos. Nos encantaba esperar hasta que papi la abriera para ver los regalos. En casa hoy no tenemos una puerta para separar el living donde armamos el arbolito, pero mantenemos la tradición familiar.
Y hay una situación que se repite año tras año. La emoción de los chicos abriendo regalos es algo que no se puede explicar con palabras. Nos encanta recibir regalos. Es lindo romper los papeles para ver qué hay para cada uno. Recibir regalos es lindo, lo feo es cuando ninguno tiene tu nombre. Todavía no me pasó, pero debe resultar muy desagradable llegar al arbolito y no encontrar ningún regalo. Ser el único que no puede sonreír cuando todos abren los suyos y festejan. No hay nada para vos. Se olvidaron de comprar tu regalo y te quedaste con las manos vacías.
Creo que resultaría desagradable. Justo hoy que es 25 y que todos abren sus regalos.
Lamentablemente, me parece que hubo alguien que padeció este mal hoy. Alguien para quien no hubo regalos, ni recordatorios. Sólo olvidos y silencios. Jesucristo hoy, supuestamente, cumple años y la navidad es el recordatorio de su nacimiento. Sin embargo, en muchos hogares, no hubo regalos para Cristo. Hubo para todos los demás, menos para Él.
No se qué pasó en tu hogar, pero Cristo está esperando que al igual que aquellos magos, vos también hoy le ofrezcas tu regalo de navidad. Él no espera un regalo físico, sino uno espiritual. No hace falta que le des algo que se pueda tocar. Jesucristo prefiere recibir un regalo interior: tu corazón. Quiere estar presente en tu vida cada día y que lo tengas bien cerca de tu mente en todo momento. No quiere ser un pasajero ocasional, quiere estar en tu corazón todos los días.
REFLEXIÓN – ¿Qué le regalaste a Jesús hoy?

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