25 de Febrero – Deleite


“Deléitate asimismo en Jehová y Él te concederá las peticiones de tu corazón.” Salmos 34:6 (RVR)
Deleite
Juampi y Connie empezaron las clases y a diferencia de la mayoría de los chicos de su edad, ellos deseaban comenzar. Ya un mes antes del comienzo estaban pensando en sus mochilas, en sus útiles escolares, en sus compañeros. Estaban expectantes. Tanto, que la noche anterior Juampi apenas durmió un par de horas porque estaba pendiente del momento de levantarse y ponerse el uniforme.
El primer día de clases estaban deseando ir al colegio, cuando volvieron a casa no paraban de contar lo que habían hecho, cómo eran sus maestros, qué se contaron con sus amigos, qué tenían de tarea. Estaban fascinados con empezar las clases y lo demostraban claramente. Me encantó ver a mis hijos tan involucrados en estudiar y me llenó de orgullo.
Mientras los escuchaba hablar uno sobre el otro, tratando de contar primero lo que habían vivido y escuchado (en esto Connie tiene siempre las de ganar porque tiene una capacidad femenina potenciada para hablar increíblemente miles de palabras sin respirar), recordé este texto que es la versión divina del mismo concepto.
Dios en su grandeza y generosidad también desea escucharnos. Él anhela ver a sus hijos e hijas pasándola bien y deleitándose en algo: en la comunión con Él. A Dios le encanta que vos y que yo encontremos placer al estar en su presencia, en pasar tiempos a solas con Él, en cantarle, en hablarle, en escuchar lo que nos enseña. Y de la misma manera que me encanta escuchar cómo mis hijos me cuentan lo que hicieron (aunque a veces me aturdan porque hablan a la vez), a Dios también le encanta que sus hijos le hablen y lo aturdan. Solo que Él tiene la facilidad de poder escuchar y darle absoluta atención a cada uno, sin distraerse por lo que los demás dicen ya que puede escuchar a todos simultáneamente.
Tanto le gusta esto a Dios que condiciona sus bendiciones a nuestro disfrute. Y para aquellos que realmente la pasan bien con Dios, Él promete darles lo que desea su alma. Tan simple y tan complicado a la vez. A Dios le causa placer que encontremos placer en su Persona. Y tanto le gusta, que por ello nos concede lo que deseemos.
Pero vivimos tan apurados y distraídos que desmerecemos este sentimiento de Dios porque solo le damos un rato el fin de semana.
REFLEXIÓN – Deleitate en Dios.

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