25 de septiembre – Ser

”Temible eres Tú, ¿Quién podrá estar de pie delante de ti cuando descienda tu ira?” Salmos 76:7 (RVR)
Se ven cada vez con mayor frecuencia imágenes de huracanes y tornados. La naturaleza está cada vez más violenta. Es terrible ver la potencia destructora del viento. Nada puede detenerlo, nada puede pararlo. Destroza todo a su paso. Arranca los árboles, da vuelta los autos, destruye las casas.
No hay nada que se pueda hacer. Nadie puede controlar la fuerza del viento. Solamente se puede esperar que a que pase.
El salmista tiene la misma imagen de la ira de Dios. Pero casi nunca pensamos en esto. Tenemos a Dios como el Ser del amor, incapaz de actuar duramente. Es como un padre bueno, que nunca se enoja.
Pero para el pueblo de Israel, no fue tan así. Ellos sufrieron terriblemente, aunque con justicia, por causa de la ira de Dios. Por culpa de su desobediencia, de abandonar a Dios, de servir a otros dioses, la ira de Dios cayó sobre ellos. Y el castigo fue espantoso.
Es difícil ver y pensar a Dios actuando de esa manera. Hoy vivimos otra realidad, fundamentada en la Gracia de Dios. Pero la Biblia lo deja bien explícito, y sin lugar a dudas. La ira de Dios es terrible, nadie puede soportarla. Es preferible enfrentarse a un huracán, que intentar mantenerse de pie frente a tal fuerza destructora.
Entonces, ¿por qué hoy, cuando desobedecemos a Dios, y nos alejamos de Él, no somos consumidos? ¿Por qué? ¡Gracias a Dios, porque Jesucristo nos justifica! No merecemos semejante regalo, pero Dios nos lo da porque nos ama. Aunque parezca increíble, Dios te ama a vos y me ama a mi. A pesar de lo que somos, con todos nuestros errores. Es increíble pensar en el amor de Dios, que pasa por alto nuestro pecado e ignorancia y nos bendice.
Ya no nos mira más con esa mirada dura y justa. Hoy nos ve a través de la sangre preciosa de Cristo como hombres y mujeres sin mancha ni contaminación. Y esto es por nuestro abogado, Jesucristo.
Una vez más, de corazón, adorá y alabá a Dios por el enorme regalo de su gracia, y porque en lugar de darnos la justa recompensa que merecían nuestras obras, por el sacrificio de Jesucristo, nos regala su amor y su misericordia. ¡Gloria a Dios por Jesús!
REFLEXIÓN — Dios es amor.

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