28 de Junio – Dador


Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia, porque en las grandes tribulaciones con que han sido probadas, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas y aun más allá de sus fuerzas.” 2 Corintios 8:1-3 (RVR)
Dador
Ser generosos en la obra de Dios, no es una opción. La mayoría de nosotros lo considera un peso molesto. La iglesia de Jerusalén estaba pasando un momento de suma pobreza y los hermanos de Macedonia insistieron y rogaron a Pablo que les dejara ayudar a sus hermanos. No eran congregaciones de altos recursos, ni con buena posición social, la mayoría eran esclavos, pero de su pobreza dieron más de lo que tenían. Entendían que era un privilegio colaborar en la Obra de Dios, no un peso. Es cierto que la Biblia enseña que el que siembra generosamente, también segará generosamente. Pero Dios no es una maquina tragamonedas, que si ponemos $ 10, recibiremos $ 20. No encuentro en la Biblia tal enseñanza. En ningún lugar dice que la recompensa a nuestra generosidad será monetaria. Entonces, ¿cuál es la recompensa a la generosidad?
La persona generosa será rica en amor. Las manos que dan están motivadas por un corazón que rebosa de amor, la motivación mayor a dar no está dada por el interés de recibir, sino por la búsqueda de la satisfacción ajena. Si uno siembra amor va a cosechar amor.
La persona generosa será rica en ayuda. La vida es un ida y vuelta, va a llegar el momento en que vamos a necesitar del otro. Seguramente si actuamos con generosidad, llegado el momento, recibiremos.
La persona generosa será rica en su relación con Dios. No hay nada que agrade más a un padre, que su hijo imite sus buenas costumbres. Dios es igual, se agrada cuando sus hijos actuamos como Él actúa, con amor y generosidad.
No es fácil cambiar de hábitos y cuesta empezar, pero sería bueno que a partir de hoy empecemos a dar más y a guardarnos menos. Todo lo que tenemos es de Dios, no es nuestro, somos solamente administradores de Sus Bienes. Por eso en la ofrenda el tema no es cuánto le doy a Dios, sino con cuánto me quedo para vivir.
REFLEXIÓN – Dios ama al dador alegre.

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