29 de Mayo – Oscuridad


Desde el mediodía y hasta la media tarde toda la tierra quedó sumida en la oscuridad,  pues el sol se ocultó.” Lucas 23:44 (NVI)
Oscuridad
La tristeza por la muerte de un ser querido es muy personal. Ni siquiera los que acompañan en la despedida final a quien sufrió la pérdida pueden comprender el dolor de la separación. Y es aún más terrible para esa persona, ver cómo para el resto de la sociedad esa muerte pasa desapercibida. Los chicos siguen asistiendo al colegio, los adultos van a sus trabajos, al club o a sus negocios. Todos siguen sus vidas siendo indiferentes al acontecimiento.
En algunas ocasiones, cuando muere un comerciante, el negocio queda cerrado por duelo. Pero al día siguiente retoma su actividad normal. Incluso con la muerte de algún político o personaje famoso, se hace un duelo nacional, pero después de algunas horas, la actividad vuelve a su normalidad. Y nos movemos como si nada hubiera pasado.
Cuando Cristo estaba sufriendo en la cruz, Dios ciñó de oscuridad la tierra. No fue un eclipse. En el original, la idea es que el sol falló y dejó de iluminar. La más densa oscuridad ocupó la tierra haciendo detener la rutina de los seres humanos. Ya nadie podía salir a caminar, ni trabajar, ni jugar. Todos se quedaron quietos y con temor, porque Cristo estaba muriendo.
Dios no quería que la muerte de su Hijo pasara desapercibida para la humanidad, y aunque muchos ni siquiera se enteraron que ese nazareno crucificado era Dios mismo, todos se vieron forzados a cambiar sus hábitos y a guardar silencio y quietud. ¡No era para menos! Jesucristo estaba dando su vida para pagar el precio de la salvación de cada ser humano.
Dios hizo pecado al que nunca había hecho pecado. Cargó sobre su santo Hijo toda la inmundicia y la suciedad de los pecados de la humanidad y en el peor momento de la eternidad, abandonó a su Hijo para ampararnos a vos y a mí. Semejante hecho no podía pasar inadvertido, por eso hizo que todo el mundo estuviera de duelo.
Hoy disfrutamos de días soleados, pero deberíamos seguir haciendo memoria de este hecho sin igual. Para Dios valés la vida de su propio Hijo, ese fue el precio que pagó por vos. Que esta realidad pueda condicionar la santidad de tu vida.
REFLEXIÓN – Lo hizo por vos.

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